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A PROPOSITO DEL CINE JAPONES | 02/04/2009


Algo sobre Takeshi Kitano y otros


Cogí ayer la película “Boiling point” dirigida por Takeshi Kitano y, aunque no me dio tiempo a verla, antes de entregarla, me di cuenta de que existe una película americana con el mismo título: “Boiling point (punto de ebullición)”, dirigida por James B. Harris. La más antigua es la de Kitano.

No obstante, yo prefiero hablar del cine japonés porque, Oriente siempre me fascinó y me parece que es muy instructivo y aporta muchas cosas interesantes el conocer la forma de trabajar, en el séptimo arte, de los japoneses.
Para empezar, diré que Takeshi Kitano es un actor, cineasta, comediante, escritor, poeta y pintor, además de diseñador de videojuegos para adultos, japonés. Conocido en su país principalmente como personaje televisivo y miembro del dúo cómico Two Beat, sin embargo es su faceta cinematográfica lo que le ha dado reconocimiento a nivel mundial.
Como actor, se dio a conocer internacionalmente al interpretar al Sargento Hara en Feliz Navidad, Mr. Lawrence, de Nagisa Oshima. Uno de sus trabajos más elogiados como cineasta ha sido Flores de fuego. También ha interpretado y dirigido Brother (2000) y Zatoichi (2003), además de otras muchas películas. Desde abril de 2005, dicta una cátedra en la Escuela de Postgrado de Artes Visuales de la Universidad Nacional de Tokio de Bellas Artes y Música.
Me fascina su forma de hacer arte porque le gusta sobre todo el crear tramas de tema policiaco o salpicadas de corrupción mafiosa, cosa que yo cuando escribo relatos siempre al final voy a caer en tiroteos, escenas de corrupción y situaciones similares. Es un detalle significativo de sus películas el emplear largas tomas donde parece que no sucede nada. El cine de Robert Bresson también se detiene en detalles nímios, que aparentemente no tienen importancia, y prolonga la atención del espectador en tomas que, aparentemente, no narran nada. Kitano también hace cortes de los acontecimientos que suceden para pasar directamente a mostrar las consecuencias. Una filosofía sombría y nihilista caracteriza esta forma de entender el arte. En pintura, Egön Schiele también bebe de esta filosofía y, a mí, personalmente, me gusta porque se trata de expandir todo el maravilloso mundo de matices que sugiere el abocar la realidad a un grado de destrucción controlado que lo transforma y crea situaciones dramáticas, porque el drama es teatro.
Otra característica importante, según mi opinión, del cine de Kitano es que induce a la reflexión y, yo creo que todo el cine ha de conducir, una vez visto, a reflexionar y hacer trabajar las mentes de los espectadores; es decir, estoy a favor del cine que deja huella y que da que pensar. Y como dicen, muy acertadamente, en la web de Wikipedia acerca de Kitano, la contradicción, creo yo, es la madre de muchas expresiones extraordinariamente cargadas de valor artístico: superficialmente sus películas siguen la estructura de la comedia negra o del cine de yakuzas, pero al mismo tiempo enfatizan preguntas morales y aportan caldo de cultivo para detenidas reflexiones personales.
Su interpretación de Zatoichi en la película homónima de 2003 ha sido, hasta el momento, su mayor éxito comercial en Japón. Dolls (2003), película que dirigió y en la que no participó como actor, se considera que es su obra maestra, tanto por el guión que él mismo escribió, como la puesta en escena y la fotografía hecha con una gran maestría en el tratamiento de los colores produciendo unos planos de excepcional belleza plástica. Esto me hace decir que Kitano, creo yo, entiende el cine como una suma de todos los artes restantes: literatura, fotografía, pintura, etc… porque, está claro que cuando una persona pinta, en realidad, la pulsión que lo mueve en nada es diferente a la que tiene un director para hacer una película inspirada en el mismo tema. No importa tanto el medio artístico que se emplee como la esencia en que se inspira el creador para sacar a la luz su obra de arte.

“Yo crecí en el típico Shita-machi”, que es el término japonés utilizado para el área obrera en el este de Tokyo, la misma zona en la que creció la gente de la Yakuza (una mafia japonesa). “Casi nunca hablaba con mi padre. Cuando yo y mis hermanos oíamos sus pasos, salíamos corriendo y nos escondíamos. Creo que era miembro de la Yakuza, aunque, para mantener a su familia, se veía forzado a trabajar como pintor.”
Son significativas estas declaraciones porque así se entiende que, a la hora de crear trate temas que le han sido cercanos desde pequeño. Porque inventar, en realidad, está todo inventado; creo yo, que el artista al crear, es una especie de filtro o catalizador que destila una exquisita versión de lo que percibe con los sentidos, como persona, a través de su vida. Yo soy de los que piensan que el arte es el mejor psicoanálisis que se puede extraer de la mente del creador en cada caso.
Cuando se puso a estudiar ingeniería lo expulsaron por “mal comportamiento”; es una trayectoria que se repite una y otra vez en las mentes inquietas de los artistas… para mí realmente eso es ser un artista. Porque, sin duda, el arte es explosión que hace tambalear la realidad o el sistema establecido para aportarle aires frescos que, lo que ocurre generalmente, es que no son bien aceptados. Ejemplo: “ Alguien voló sobre el nido del cuco” es una obra que muestra transgresión contra las normas establecidas.

Este joven revoltoso no estaba hecho para sentarse en una aula, y se puso a servir cafés en un club nocturno, con comedia y striptease en el menú. Ese mismo año (1972), pasó a conducir el ascensor del local, y quiso la buena suerte que un cómico cayese enfermo, dando una opción a Kitano para que ocupase su lugar en el escenario. Si se tiene claro a donde se quiere llegar, no importan los vericuetos que te haga dar la vida porque al final, la vida misma te plantará delante de tus narices situaciones, que si mantienes la fe y no has tirado la toalla, adaptarás y encauzarás para lograr aquello que tanto ansías y que no pudiste lograr en el pasado.

Kitano es un hombre hecho a sí mismo. Es una persona que ha sufrido en la vida- no todo le fue de color de rosas- y que supo encauzar y asimilar lo que le venía traido por el destino. Creó un duo humorístico y sucedió que el director de “El imperio de los sentidos” le ofreció un papel en el cine. El público reía todas las escenas y Kitano se sintió terriblemente enfadado por no haber logrado que el público entendiese su papel de forma seria como correspondía. De ahí las siguientes declaraciones: -Fue humillante la experiencia, porque mi personaje en la película no era alguien de quien se pudiera reír. Entonces juré que en adelante haría serios y oscuros a todos mis personajes en películas y series de televisión, y así fue.
Posteriormente, le vino la oportunidad para dirigir y -yo diría que a consecuencia de lo que había vivido con anterioridad- realizó el film “Violent cop” donde muestra al personaje antihéroe, romántico y adusto que se ha convertido en arquetipo de Kitano (una especie de Harry el Sucio pero a la japonesa, y siempre en el límite de la demencia).
Y como no puede ser de otra manera, viviendo al límite la pausada vida real de muchos de este mundo que se rigen por vivir como ovejitas mansas y obedientes en un entorno que los desborda por una vorágine de acontecimientos a los que hacen oídos sordos, pues tuvo un grave accidente de ciclomotor que, a punto estuvo de costarle la vida.
Dejó la bebida como consecuencia de ello y tuvo la suerte de poder seguir haciendo aquello que le dio la fama y que hace tan bien, el cine: "Kids Return" (1996), "Hana-bi" (1997), "El verano de Kikujiro" (1999) y "Brother" (2000) han demostrado que el talento de Kitano permanece intacto.

Kitano es, según mi opinión, un artista como la copa de un pino, y del que siempre es muy apetecible conocer todo lo que hace en la vida porque, diría yo que, es y de siempre fue, un alma inquieta y en permanente ebullición.

*Texto realizado con ayuda de la web Wikipedia y la web del equipo de CINeol.
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