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EL CINE DEL EXPRESIONISMO ALEMÁN. I | 05/08/2009


Ideas en ebullición


Este estilo de hacer cine tiene su correspondencia con la corriente expresionista, llamada así por contraste con la corriente impresionista del siglo XIX en pintura, es decir, con aquél tipo de pintura en la que prima la “expresión subjetiva” sobre la representación de la objetividad. Esta pintura recurría a colores hirientes y ritmos lineales muy fuertes. Arraigó fundamentalmente en Alemania, de donde surgió el movimiento Die Brücke (el puente), fundado en 1905 por unos estudiantes de arquitectura.

Está claro que se había llegado a un momento en que los directores disponían de suficiente bagaje creativo como para comenzar a centrarse en recrear con detalle el enorme potencial que da el ver las cosas desde el punto de vista exclusivamente personal, sin prestar atención a cómo debería hablarse de ello para ceñirse a la realidad… que, a fin de cuentas, no es otra cosa que una mera convención aceptada por el común de los mortales.

Al cine llega, de forma tardía, con “El gabinete del doctor Caligari”, película inspirada en una serie de crímenes sexuales que tuvieron lugar en Hamburgo, Alemania. Narraba los estremecedores crímenes que cometía Cesare, bajo las órdenes hipnóticas del doctor Caligari, que recorría las ferias de las ciudades alemanas exhibiendo a su sonámbulo. La idea de los guionistas era la de denunciar la actuación del Estado alemán durante la guerra.
De siempre, el cine al igual que el resto de las demás artes, se sintió atraido por mostrar las pasiones, las emociones y los sentimientos que dominan al hombre. Y por tanto, los crímenes y el lado oscuro de las fechorías que cometen los humanos entre ellos- recordad que el hombre “es el lobo para el hombre” como decía Hobbes- siempre cautivaron al espectador que busca en la pantalla algo que le enganche.

La forma rara de mostrar los escenarios en el film, las apelaciones al arte cubista y la patente escasez de medios hacen de esta película un precioso regalo para saborear el buen cine. Robert Wiene creó una estética nueva.
Este director de cine mudo inició su carrera en el mundo del teatro y obtuvo la notoriedad con dicho film de terror, “El gabinete del doctor Caligari”. Quizás, si no tuviera ese bagaje teatral tras de sí el resultado hubiera sido más técnicista, más objetivo y más directo, … sin dejar volar libremente la fantasía. Lo digo porque, según mi opinión, el teatro es el hermano apasionado y visceral del cine: para hacer teatro sólo se necesita a un actor, una persona cualquiera vestida de cualquier manera en cualquier lugar… en cambio, para hacer cine se precisa una cámara.

Todo movimiento artístico evoluciona una vez iniciado y asentado, y en este caso, cobra gran importancia el trabajo de los directores de fotografía, es decir, la forma de iluminar las escenas. Aparecerá una nueva corriente que se llamará Kammerspielfilm, que, ¡mira por dónde! está basada en el trabajo realizado en las obras del teatro de cámara de Max Reinhardt, famoso director teatral de la época: decorados espectaculares, escenas de masas y música tratada de forma innovadora. El Festival de Salzburgo en 1920, que fue fundado por Reinhardt, Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal, es una muestra de que la corriente expresionista no era una menudencia sino que, tenía unos cimientos amplios y sólidos.
La prioridad dada a las unidades de tiempo, lugar y acción, combinado ello con una gran linealidad y simplicidad argumental resalta, a la postre, la sobriedad interpretativa… atmósferas cerradas y opresivas, que inspiran dureza, sin facilitar al espectador concesión alguna para digerir lo que está viendo.
Dos realizadores cinematográficos destacan dentro del capítulo del cine expresionista alemán: Friedrich Wilhelm Murnau y Fritz Lang. Seguidos de cerca por Georg Wilhelm Pabst.
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