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LA NATURALEZA EN EL CINE | 19/08/2009


Un referente que nunca hay que perder de vista


La verdad es que el cine me apasiona y otra cosa que también me fascina y en la que, en parte, estoy involucrado en mi trabajo, al trabajar de bombero forestal y peón forestal, es la Naturaleza.
Desde siempre el hombre estuvo en contacto con la naturaleza porque, indefectiblemente, vive en ella. Lo que es harto sabido es que, en la antigüedad había una relación muy buena y sostenible entre el ser humano y el medioambiente; es decir, el hombre se aprovechaba de su entorno, en la justa medida, y no aniquilaba ninguna especie… ¡ y no les hacía falta fanfarronear de que iban de ecologistas o mentalizarse de que tenían que respetar las especies animales! Sencillamente, diría que, daban por hecho lo de ese proverbio indio que dice que “la tierra en la que vivimos es un regalo de nuestros antepasados y un préstamo de nuestros hijos”.

Centrándonos en el cine, diría que una película que me impactó mucho fue “La selva esmeralda”, dirigida por John Boorman y protagonizada por Powers Boothe. ¡Cómo es el ser humano! Es asombroso… El argumento, basado en hechos reales, narra cómo el hijo de un ingeniero americano, que está construyendo una presa en la selva amazónica, desaparece en la jungla sin dejar rastro. En realidad, lo que seguro que fue tomado como una terrible desgracia cuando ocurrió, (bueno, es evidente que su padre hizo bien en buscarlo), debería ser entendido como una señal de que el hombre civilizado- según la forma corriente de hablar- no debería invadir la “casa “ de otra civilización. Ya no vamos a entrar en lo de que el medio ambiente ha de permanecer sin alteraciones dañinas. Lo que es más preocupante es que, como el hombre occidental tiene más sofisticación y más tecnología arrasa con los demás pueblos, que … lógicamente, se sienten en inferioridad abrumadora y terminan desapareciendo.

“Gorilas en la niebla” es otro dramático testimonio de que la gente que mira por preservar la naturaleza y, las especies animales amenazadas de extinción como en este caso, es vilmente vetada y al final sus ideales no llegan a ninguna parte porque, lo que pueda pensar Dian Fossey al llegar a Africa para hacer un censo de gorilas de montaña en peligro de desaparecer, pues no es nada en comparación con lo que piensan miles de personas en todas partes, guiadas por lucrarse materialistamente, y sin reparo alguno en destrozar lo que haga falta para ello. El sacar provecho comercial y económico de unos seres vivos, como son los gorilas, será defendido a muerte por los cazadores furtivos y las autoridades.

El descubrimiento de América supuso el punto de partida de la caída hasta la extinción de las civilizaciones precolombinas. En 1560, poco después del fin del imperio inca, se sitúa la trama de “Aguirre, la cólera de Dios”, dirigida por Werner Herzog y que está basada en el diario de Fray Diego Gaspar de Carvajal. Como siempre, la búsqueda de lo que marca la ambición – bien se podría encuadrar en esta trama a un Indiana Jones español- determinará el curso de los acontecimientos, van buscando la legendaria tierra de El Dorado. El origen del mito de El Dorado, el más famoso de cuantos estimularon la exploración y conquista del continente americano, se remonta al año 1534, en que un indio del territorio que hoy ocupa Colombia reveló a los españoles una de las ceremonias rituales del cacique Guatavita, que había de despertar la codicia de soldados y aventureros.
Cubierto el cuerpo desnudo con polvos de oro que se adhería a su piel mediante una tintura de trementina, el cacique, ante su pueblo, se embarcaba solo en la laguna de Guatavita; al llegar al punto en que se cruzaban dos cuerdas tendidas perpendicularmente de orilla a orilla, se bañaba y arrojaba al agua, en honor de la divinidad, valiosas ofrendas consistentes en piezas de oro y esmeraldas. Igual homenaje rendían sus súbditos.
Basada en un hecho cierto, según se ha podido comprobar al estudiar las costumbres de los chibchas, la leyenda del indio dorado fue divulgada por los conquistadores, se extendió por el norte de América Meridional, descendió al Perú, y de allí pasó, algunos años más tarde, al Río de la Plata; pero no tardó en asimilar nuevos y fabulosos elementos que la desvirtuaron totalmente. Al final se le llamó El Dorado a todos los terrenos con zonas auríferas y diamantíferas de distintos lugares de América, totalmente imaginarios. De los chibchas, los españoles se encontraron como gobernante al Zipa (nombre que recibía el cargo de rey) Quemuenchatocha. Este monarca debió quedarse muy sorprendido al ver llegar a los españoles babeando por el oro y los diamantes, pensando que allí crecían por doquier. No es de extrañar, pues, que a lo largo de la historia de la humanidad, muchas cosas que condujeron a acontecimientos importantísimos hayan sido, en realidad, un cúmulo de despropósitos, como el que Colón creyera que había llegado a las tierras de la legendaria Cipango (el actual Japón), que había explorado por primera vez Marco Polo.
Sir Walter Raleigh, marino, pirata y político inglés, de finales del s. XVI y comienzos del XVII, participó en la segunda expedición al Orinoco en busca del mítico Dorado. Está visto que, por esa época todo se mezcló: la piratería, la aniquilación de civilizaciones primitivas, las ansias de poder y, por supuesto, no podemos olvidar, la evangelización de los nuevos territorios.
Y así sigue siendo desde entonces, … todo se mezcla. Hacer cine bueno, diría, es mi opinión, es precisamente eso: el mostrar sin sentenciar tajantemente ninguna idea, es mostrar una serie de vivencias, de las que, como la vida misma, cada persona sacamos una opinión distinta.

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