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MICHAEL HANEKE | 14/12/2009


El arte de incomodar al espectador


Quería desde hace tiempo tener la ocasión de hablar de este director que, la verdad, me impresionó mucho. Y ahora, con motivo de su éxito en los Premios de la Academia del Cine Europeo, voy a contar que me parece digno de elogiar que sea un realizador que se sale claramente del standard del resto de colegas suyos. Un distanciamiento en la manera de tratar los temas que, al mismo tiempo, te retrotrae a la crudeza de lo que puede llegar a ser la vida, me recuerda- como acertadamente he leído en internet, acerca de él- a las temáticas del gran dramaturgo Bertolt Brecht.
De momento, sólo he visto dos películas suyas: “La pianista” y “Funny games” y he de decir que, cuando observas que, por ejemplo, el rechazo que me produjo el visionado de la segunda, ha sido buscado adrede, entonces, creo yo, lo que iba a ser un descalificativo para este realizador austriaco se torna automáticamente en mérito por haber logrado, precisamente, ese malestar al ver su obra. Sin duda, con imágenes nada, o casi nada, explícitas, en “Funny games”, Haneke te hace sentir auténtica pena y dolor por lo que sufren los componentes de la familia atacada por unos vándalos. Todo es psicológico, resulta muy difícil hallar- incluso, viendo el film varias veces seguidas- los elementos o hitos en el desarrollo de la historia que te provocan el malestar del que hablo. Eso, no hay que estrujarse mucho el cerebro para darse cuenta de que, este realizador posee un elevado control de las claves del proceso narrativo en el cine. El uso de los planos, de la escenografía, de la interpretación actoral y de todo el conjunto que compone una película está supeditado, en último extremo, a ese fin: no dejar indiferente al espectador.

No voy a entrar ahora en el debate- que, según mi opinión corresponde a la filosofía, únicamente- de que se podría ver “la botella medio vacía” y decir que Haneke procede así porque sólo es un mal director.
De la primera película citada, “La pianista”, he de decir que me atrajo, personalmente, muchísimo por el hecho de que ves, al leer el argumento, que es una historia que no tiene desperdicio alguno, pues muestra la osadía de adentrarse en el laberíntico e inexpugnable, a la vez que tremendamente devastador mundo de la mente humana enferma. Desde luego que, no es una película apta para simpatizantes o fans de… Hanna Montana o similares. Haneke se adentra en algo que le da con seguridad (si no tiene la astucia suficiente) más problemas que gratificaciones. Pero, lo asombroso es que sale a la postre bien parado.
La protagonista tiene un problema y Haneke no la critica despiadadamente. Muy al contrario, él se alza por encima del mundo de ella y avoca al espectador, irreparablemente, a que sienta la necesidad de entender el punto de vista de esa profesora de piano que es tan … que se corta el clítoris (o se hace un corte en sus partes) con una cuchilla de afeitar, sentada en la bañera.
El resto de la filmografía de este realizador, sin duda, a la vista de lo contado hasta ahora, merece la pena ser vista si se tiene presente, en todo momento, que no se trata para nada del cine al que acudes para ver apaciblemente sentado en el sofá de tu casa con el pensamiento en mente de que te distraigan después de un duro día de trabajo.

Y por último, otro dato que le da puntos positivos a Haneke es el saber que en su concepción del oficio de hacer una película da mucha importancia a lo que es la dirección de los actores. Y es que, muchas veces, lo evidente es lo que nadie percibe. ¿Cómo se puede llegar a hacer un film relegando a un segundo plano la parte concerniente a lo que primero va a mirar un ser humano al colocarse delante de una pantalla en una sala a oscuras? Lógicamente, uno va a mirar cómo actúan y lo que hacen en todo momento los actores, por ende, las personas que se ven en el film. Otra cosa es que escribas, con cada película, un tratado alegando a una pseudointelectualidad, acerca de la escenografía, el montaje, la fotografía, la música, etc…
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