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REPORTAJES
     
 
PIRATAS | 14/05/2010


La aspiración a una vida de ensueño que se queda en historia



De pequeño me llamaron la atención siempre las películas de piratas y corsarios; mi escritor preferido era Emilio Salgari, incluso por encima de Julio Verne- que era muy imaginativo pero que no te hacía vibrar con aventuras tan cargadas de adrenalina-. ¡Qué bonita sería la vida si se pudiera escoger la época en que quieres vivir! Lo digo porque, una vez que creces, te das cuenta que los piratas del siglo XVI y del XVII no vivieron una vida de color de rosa precisamente, eso en el caso de que no los mataran en un abordaje, por ejemplo, que si mueren jóvenes, ahí acabó todo y punto.
Para empezar, decir que hay diferentes palabras, que no significan exactamente lo mismo, en torno a la piratería existente en los mares de esa época. Piratas- que sería el término genérico de por sí-, bucaneros, corsarios y filibusteros son los calificativos que conozco. Un bucanero era en origen un habitante de la parte occidental de la isla de La Española, actual Haití y República Dominicana, que se dedicaba a cazar vacas y cerdos salvajes para bucanear, es decir, ahumar, la carne y venderla a los navíos que navegaban por las aguas del mar Caribe.
Durante el siglo XVI se establecieron en la parte occidental de la isla, que había sido abandonada por los españoles, aventureros europeos, particularmente franceses, en su mayoría normandos, que copiaron de los amerindios (arawaks) la técnica de conservación de la carne y se dedicaron a preparar la piel de los animales cazados para venderla a los europeos de paso.
Cuando las autoridades españolas exterminaron a los animales en que se basaba el comercio de los bucaneros, y las autoridades francesas, que gobernaban la Tortuga, dictaron leyes en su contra, muchos de ellos se establecieron en la isla de la Tortuga sumándose a los filibusteros, para dedicarse a la piratería, sobre todo contra los españoles. Es decir, que ese fue el motivo de que hiciesen la vida imposible a los navíos españoles cargados de oro. Se me ocurre que, al igual que en el caso de los Cátaros, una herejía que la Iglesia se encargó de exterminar por motivos que tenían en el fondo razones puramente políticas, aquí, con los bucaneros, ocurrió lo mismo: la sucia política tiene provocado a lo largo de la historia infinidad de conflictos y desgracias.
A lo largo de los siglos XVII y XVIII el término, alternado con el de filibustero, pasó a ser sinónimo de pirata. Sin embargo, mientras los piratas solían limitar sus actividades al mar, los bucaneros no desdeñaban las actividades en tierra firme ni dedicarse al pillaje. Otro colectivo muy interesante al estudiar la historia fue el de los vikingos. Que ¿qué paralelismo tienen los vikingos – que la tele de mi niñez inmortalizó con la serie “Vikie el vikingo”, muy buena por cierto- ? pues, que ambas comunidades de guerreros tenían “ su fuerte” en la navegación pero que, también hacían incursiones por tierra cuando era necesario. Otra cuestión que surge al hablar de esto es que, en la mayor parte de la historia de la humanidad, el hombre vivía para la guerra, se le daba mucho valor a eso. Hoy en día se ha cambiado, diría que vivimos para consumir y nos autoilusionamos haciéndonos creer a nosotros mismos que estamos en un mundo adorable y en paz continua. La globalización y el marketing y la idea “cerrada” de vivir y preocuparse sólo de tener un sueldo a final de mes para pagar la tele de plasma y la videoconsola del hijo, han hecho estragos. Desde luego, que es mejor consumir que hacer la guerra pero, es que, no sé, la gente de hace siglos vivían más de acuerdo con la naturaleza, ¿no?.
Filibustero era el nombre que recibía el pirata que en el siglo XVII formaba parte de los grupos que actuaban en el mar de las Antillas. Su característica especial, que lo diferenciaba de otros piratas, era que no se alejaban de la costa, la bordeaban y saqueaban las localidades costeras.
Corsario (del latín cursus es decir "carrera") era el nombre que se concedía a los navegantes que, en virtud del permiso concedido por un gobierno en una carta de marca o patente de corso, capturaban y saqueaban el tráfico mercante de las naciones enemigas de ese gobierno.
Desde luego que, la monarquía española de aquella época hubiera estado más feliz de no existir los filibusteros ni los corsarios. Pero, lo de los corsarios es un caso flagrante de guerra de un estado ante otro, de forma encubierta. Me viene a la mente el dicho ese, que tengo oído alguna vez y, que lo menciona un personaje de la película de Sylvester Stallone “ Máximo riesgo”, de “ mata una persona y eres un asesino. Mata diez y eres un psicópata. Mata un millón y eres un héroe”. El cine, por suerte, para quien lo quiera ver así, ajeno a la política nos ha regalado con magistrales obras de arte en las que, poniendo como héroes nobles, fuertes y con mucho carisma, los piratas corren riesgos infinitos saliendo al final bienparados, unos documentos basados en la historia del pasado que nos hacen vibrar … porque, precisamente- y ahí está la clave de por qué el arte es bonito- provocan un maremágnum de emociones en nuestro interior.
Para acabar quería decir que, escribo esto únicamente como muestra de que el cine de películas de piratas es un estilo cinematográfico que me encanta.

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