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GUSTOS SOBRE CINE | 08/08/2012


Lo que realza cualquier argumento


Remontándonos a cine de hace años, quiero hablar de una película que me gustó mucho al verla por primera vez. Ayer fui a ver la última de Batman, y a pesar de que el argumento está bastante bien elaborado, al final del metraje, que, por cierto, la historia es larga pues, dura dos horas y cuarenta minutos, pensaba que tenía la sensación de estar viendo algo que era hueco. No atrapa a nivel de sentimientos y emociones como lo puede hacer la película de la que voy a hablar: “Un hombre y una mujer”.
Cuenta la historia de Anne (Anouk Aimée) una viuda joven, que trabaja como script (secretaria en la industria del cine), cuyo marido (Pierre Barouh) fue un "stuntman" (especialista en escenas peligrosas) que murió en un accidente en el estudio de cine. Anne conoce poco después a un viudo, Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant), piloto de coches de carreras cuya esposa se suicidó después de que Jean-Louis casi muriera tras un accidente durante las 24 horas de Le Mans.
Cuando el argumento te llega a la fibra sensible, te das cuenta que los argumentos felices son sencillos porque todo gira en torno al Amor. Me refiero a que cuando se enfoca positivamente a las relaciones y altibajos que surgen en el transcurso de la vida de las personas sencillas, sin necesidad de recurrir a superhéroes, entonces, es fácil explayarse en intentar hacer el nudo, la parte central del argumento, todo lo retorcido que quieras, pero... lo importante es que sales del cine habiéndote conocido a ti mejor y, más a fondo. Esto sucede porque cuando analizamos las acciones de gente que es igual que nosotros, entonces, nos ponemos alerta porque sabemos que nos puede pasar a nosotros lo mismo que vemos en la pantalla y, en caso de que, explícitamente, no sea tan a fondo la identificación, lo que sí podemos afirmar es que, a las malas, apurando, sí que nos sentimos fácilmente identificados o reflejados en los personajes.
Un detalle más a tener en cuenta y que es muy significativo es que, películas como “Un hombre y una mujer” acaban con un final abierto, que deja a la interpretación de cada uno el ponerle un final a la historia.
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