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CRÍTICAS
     
 
FAHRENHEIT 451 | 20/02/2013


¿Por qué no? Una crítica ácida a todos los políticos.


Hace poco, tomando un café en un bar, con un amigo, éste me insinuó que era algo “raro” o, peligroso, leer filosofía o psicología por puro placer. Si tenemos en cuenta lo del argumento de esta novela y de su película homónima, pues diría que es un lujo el poder decir que lees filosofía porque te gusta. La verdad, es que en la sociedad actual, es mi opinión, si estás todo el día de bares y sin pegar palo al agua, además de que debes estar forrado de dinero, es aburridísimo. Una vez que has picado en el anzuelo de hacer trabajar tus neuronas cuando lees, te atrapa y no puedes dejar de hacerlo. Es curioso, que el director que hizo la película sea Truffaut porque, el cine francés, ... más concretamente, el estilo del cine francés se me antoja muy intelectual porque, para empezar no peca de lo que nos atiborra el cine americano a cada instante, sensacionalismo, el gag facilón y búsqueda de un montonazo de efectos visuales sin tener razón de ser, sólo porque hay que poner cuantos más mejor.
Ray Bradbury tuvo mucha inteligencia al dar con el clic de plasmar visualmente y, muy llamativamente, la causa que puede provocar en el mundo real que todo se vaya al carajo. Estamos en una sociedad en la que todo es competitividad, en la que los estudiantes van a clase, únicamente, por tener un papel que ponga “Título de ....x” y, sin embargo, si nos paramos a pensar, el “átomo” de todo esto serían los libros. Porque, de todos es conocida la escena de “El exorcista” en que llega, el Padre protagonista, a su casa y su madre está absorta mirando la tele como un robot, igual que las ubres de las vacas están conectadas a las ordeñadoras mecánicas. Sin lugar a dudas, no es lo mismo ver la tele que leer, cuando lees, aprendes mucho más porque todo es intelectual, ver te lo dan hecho y tú sólo trabajas el aspecto emocional; es decir, en un caso de terapia emocional sí que es aconsejable el cine pero, nada más.
En cuanto al argumento de la novela, o bien del libro, diré que el vínculo que lo articula no deja de ser estereotipado, como, por ejemplo, en el caso de la película “ Titanic” de James Cameron, por hablar de algo muy comercial. Siempre se usa la historia de amor entre un hombre y una mujer. Desmond Morris, autor del libro “El mono desnudo”, viendo al hombre como un animal – que en realidad, así es, lo que tiene inteligencia, únicamente, en grado superlativo comparado con el resto de las especies, que pueblan el planeta Tierra-, a lo mejor daba un tono más enigmático al guión de la mujer que “amaestra” al macho que la desea porque la pone en un pedestal por su valor como persona maravillosa.
No diría yo que quedase mejor la historia sin el vínculo romántico de la pareja, pero sí que se podía hacer con vericuetos insondables los personajes, la totalidad de todos los personajes que aparecen en la historia- tanto novelada como fílmica- que pareciesen llenos de infinitas aristas. Porque, la idea esencial, se pilla al momento: un gobierno tirano que destruye la fuente del saber. Pero, ¿y si no todos los personajes son buenos a secas, y malos a secas? ¿Y si hay una amalgama inmensa de contradicciones en cada uno de ellos? . Dejo al lector que se plantee esta pregunta y así saboree mejor el tremendamente importante mensaje, a modo de moraleja, que lleva implícito esta maravillosa historia.
Crea angustia el leerla, el sumergirte en el mundo oscuro de esa sociedad lúgubre, ¿no es eso, acaso, el cebo que te engancha a la lectura? Porque no sólo hay que profundizar en lo que da placer, muchas veces algo de sufrimiento, también es bueno.
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