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COMO EN EL CINE ES CLAVE LA IMAGEN DEL PITILLO.... | 02/04/2013


... aquí van unos consejos para dejar de fumar, hoy que ha cambiado todo


El fumar aligera las cosas que pasan a tu alrededor. Si estás sin el pitillo todo te parece que va a, cámara lenta, tienes un abismo de mente sobrante- se entiende, de tiempo- para pensar mil y una cosas. Cuando estás más nervioso, te empieza el cerebro a decir pensamientos del estilo de : Bueno, Miguel (me lo estoy diciendo a mí mismo, no me lo creo que hable conmigo mismo; y ¿los de afuera?, ¿se lo puedo contar a los demás?) será cuestión de apretarse el cinturón, es época de vacas flacas, es la guerra! Y mil historias cargadas de drama, más… y cuando te encuentras entre la espada y la pared, el cerebro te notifica un pequeño alivio, que te da un margen de descanso, bien merecido: bueno, muerto no estoy. Eso, fijísimo.

Entonces, pasamos a la etapa en que trivializas, y te haces el héroe; mira que si viajara, ahora, en un avión rumbo Miami, y me quedo de único superviviente en una isla perdida del Pacífico… Desde luego que, se me quitarían las ganas de fumar, por descontado. Entonces, caes en el “delito” de rozar una idea pragmática en todo este mundo del fumar: vaya, si no me equivoco, he de reconocer que soy un esclavo del cigarrillo. ¿Es cierto que necesito, como el aire, un pitillo cada hora? Sí contestas que sí, entonces, estás en vías de solucionar la adicción. Si dices, en cambio, “Bah! No siempre, ayer estuve toda la tarde en casa, con el ordenador, y no fumé!” entonces, sigues en la espiral de fumar constantemente, sin darte cuenta de que todo es un proceso, en el que, a) por una parte quieres disfrutar de un vicio. (Algo se ha de hacer en esta vida, no todo va a ser trabajar, no?), b) te culpas porque poco a poco te vas minando la salud y poniendo un pie en el nicho del cementerio, y c) (que viene a ser la escapatoria que se inventa la mente ante semejante burda contradicción) lo que mata es estar siempre de mala leche o cabreado, o vivir amargado. Eso sí que perjudica, debían hacer campañas contra el amargamiento de la gente, y no en contra del pitillo; total! No pasando de diez. Morir hay que morir, te pongas como te pongas… y al final, te cansas de todo ese proceso autocurativo, te vacías una cajetilla y te quedas más ancho que Sancho Panza, ¡que me quiten lo bailado!

Los fumadores somos ciegos en un punto. Esto es como el “cromakey” de la tele, vemos todo y razonamos sobre cualquier cosa menos, sobre un detalle importantísimo. Si nos dicen “ ¿ Os habéis parado a pensar que en el trabajo más difícil que se te pueda presentar, crees, realmente, que un palito que te llena la garganta de humo, te va a ayudar en algo?” Esto, nadie que sea fumador te lo va a aceptar. Comenzará a darle vueltas, y más vueltas, que si es como la sal en la comida, que si es como una copa de vino, como la carne, … pero, no te dirá “ sí, es cierto, tienes razón, estoy equivocado”.

Y por último, yo creo que esto del fumar, es como quien quiere hacer el cubo de Rubi, ese cubo que has de poner todos los lados de un mismo color, girando las hileras de cuadrados para todos lados. Pues, el dejar de fumar, lleva de “pack de regalo” el que tienes que pensar que si has pasado seis horas sin un pitillo, haciendo cosas que, antes, no dabas hecho sin fumar. Entonces, lo que te tiene que entrar en la cocorota, es que ya has dado el primer paso. Fumas un pitillo y ¡ a por otras seis horas! Lo que no le da la gana de aceptar a la gente, es que esto se trata de una carrera de fondo, no un sprint y si fumas un pitillo , te vacías la cajetilla atormentado por la culpa, por no haber estado a la altura.
Piénsalo filosóficamente, muerto ya estás, si es que has de morir por el tabaco. Por lo menos, déjate de infantilismos y chorradas y inténtalo, con un par de… No se trata de decir “ soy un campeón, dejé el tabaco y no quiero saber nada de él”. Se trata de sentirse a gusto y de no dañarte los pulmones, llenándolos de alquitrán. Nada más. ¡Olvídate!
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