MENÚ
TELEVISIÓN
     
 
EL COMISARIO MONTALVANO | 26/05/2013


Una clase de psicología terapéutica


Hoy vi un capítulo de esta fantástica serie italiana y me llamó mucho la atención el hecho de que, se trata de una historia que, sin añadir o prescindir de nada, perfectamente podía pasar en la realidad. Y eso es muy difícil, encontrarse a unos policías que ni les sale siempre todo inmaculadamente bien e impoluto, o que no hay persecuciones en plan “americanada”. Respecto al protagonista, su personaje es un tipo muy discreto que sabe estar en todas las situaciones, y es respetuoso con todo el mundo, porque como es muy inteligente, no le hace falta ir de “destroyer” repartiendo mamporrazos a diestro y siniestro, como por ejemplo, sucede en las películas de Steven Seagal. Actúa con honestidad y, salvo un ayudante policía uniformado que tiene que parece que hace teatro cómico, siempre, Montalvano actúa con la gran confianza que tiene en sí mismo, al saber que desempeña perfectamente, el papel de comisario, su profesión. Hay acción pero, yo diría que es una acción de anti-héroes, es decir que no siempre les sale todo bien a los buenos, y que hay muchos momentos en que, las pasan realmente canutas.
El papel, en el capítulo de hoy, domingo 26 de mayo de 2013, de la mujer enfermera que se relaciona con él y, que él descubre que está implicada en la trama, haciendo gala de lo mejor del inspector Colombo, su sagacidad astuta, que lanza la piedra y calla, y observa antes de actuar, pues la chica no tiene un rol sexual, o arquetípico. Estos dos personajes están a la misma altura los dos, y es sorprendente como ella muestra su encanto al decirle que lo debe tratar de usted.
Es que el cine de policías está muy adulterado, nos hemos acostumbrado a ver los policías de ese mundo fantástico con el que soñamos cuando queremos caña por un tubo y, disfrutar a tope, comiendo, eso sí, muy tranquilitos en nuestro sillón, palomitas de maíz hasta que se acaben. La realidad es más compleja y el amor no surge instantáneamente y ya pegándose el lote, ni se salva el bueno de las ráfagas de tres ametralladoras disparándole.

Y tiene el gran mérito, por lo que vi hoy, que el comisario logra desenmarañar toda una incógnita que es el caso policíaco que lleva entre manos. Cuando lo veía actuar en su, por ejemplo, trato con la enfermera del hospital donde estaba ingresado, un colaborador suyo, es una persona que no es nada materialista; en esta sociedad estamos viciados por el materialismo que nos absorbe; en la radio escuché hablar de Elisabeth Kubler-Rös que, fue una reconocida psiquiatra en el tema de la muerte, y yo, por asociación de ideas, diría que el espectador, palpa que Montalvano, a pesar de no ir con su Magnum en ristre, como en las películas de Clint Eastwood o de Charles Bronson, no le tiene miedo a la muerte, y que acepta eso con normalidad. Lógicamente, no lo matan porque sino se acabaría la serie. Pero, Kubler-Röss decía que, miedos naturales, los seres humanos sólo tenemos dos: el miedo a las alturas, al vacío y el miedo a los ruidos a situaciones ofensivas. Y yo afirmo que, Montalvano, no teme a la muerte, él sólo hace bien su trabajo y punto. El libro tibetano de la vida y la muerte, va en esa línea, y dándole vida propia a Montalvano, fuera de la pantalla, igual ahora lo está leyendo, ¿por qué no?.

Cuando un enfermo mental quiere ser policía hace todo lo contrario que haría Montalvano, cito ahora esto porque se aprende mucho de este personaje, pues es un caso parecido a Grisson de CSI Las Vegas, unas personas sumamente inteligentes, que tienen por encima de todo, una mente muy abierta, dispuestos a ver, siempre, aunque sean momentos de pánico, la botella medio llena, en lugar de medio vacía, y por supuesto, ponen sus acciones siempre a favor de los más débiles e indefensos. Porque, ya que entramos en temas psiquiátricos, la enfermedad mental no es otra cosa que encerrarse en uno mismo, o dicho algo más técnicamente, un embotamiento del ego terrible del superYo.
Volver