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NADA ES BELLO SIN EL AZAR | 26/05/2013


Un libro que recoge la lucidez de los museos


Este libro lo comencé a leer y, lo leí del tirón. Me apasionó desde el principio porque, ¿cómo un escritor puede engancharte a que disfrutes de una fría visita de museos de pinturas? Y es que todo hay que cogerlo con buenos ojos, tener una actitud positiva...
Imagínense lo difícil que es practicar en todo momento, siempre que hables con una persona, lo que llaman la “escucha activa”. Se gasta uno una energía tremenda que, acaba por agotar. Por eso que, en esta vida, el vivir todos los días como si fueran el último de nuestras vidas, es muy agotador (más que difícil). En este libro, el escritor va a encontrar un recorrido muy ameno por los museos de España a través del relato, que ofrece, en cada capítulo, de diversos cuadros de conocidos pintores de la historia de la pintura.
Y cómo puede interesar hablar hojas y hojas de un cuadro sin más, me pregunto yo, porque el arte de la lectura exige siempre, una intriga que te induzca a leer hasta el final, y el autor lo cumple sobradamente.
No lo tengo ahora entre manos porque, era un libro de la biblioteca, pero me acuerdo que, entre un cuadro y otro, abordaba distintos estilos o escuelas pictóricas. Detrás de cada cuadro, hay siempre una vida personal del autor. La vida en la faceta humana de los pintores famosos, muchas veces nos pasa totalmente oculta, y si la supiéramos nos quedaríamos pasmados.
Es un libro, de no muchas páginas que yo recomiendo leer, y después si alguien tras la lectura, se aventura a plasmar sus emociones con un pincel en un lienzo, pues... chapó que, será justamente lo que desea el autor. Promover la visita a los museos y el amor por la pintura.
Es curioso me acuerdo perfectamente de una cosa, es lo que más me llamó la atención y por eso, se me quedó grabado en la mente, que dice el autor que tiene jugado a adivinar el autor de un cuadro sin ver el nombre, a saberse su listín de “números telefónicos” (es decir, la fecha de nacimiento y la del fallecimiento de cada artista) y a saber la fecha en que se pintó. Tiene jugado a esto con amigos, y últimamente, pone, juega al solitario con ello. El paralelismo que crea entre el juego de las cartas y los cuadros, unos lienzos que están fijos!! colgados, símplemente, por un gancho en las paredes, es maravilloso. No deberíamos olvidar que no conviene visitar un museo en el momento de máximo apogeo, cuando los japoneses están sacando fotos a “tutti plé”. El museo para el autor es como su hogar.

Se siente tranquilo y sereno, y observando disfruta. A fin de cuentas, todas las anécdotas de la historia que acompañan la vida de una obra pictórica, es como una trama policíaca, que siempre hay incógnitas que, si se llegan a saber, es posible que no nos las creamos al principio hasta que nos cercioremos de verdad. El autor escribió tan bien este ameno libro que, dice que los grandes genios de la pintura no siempre fueron grandes personas, y nos da detalles suficientes para atestiguar dicha teoría. Es decir, que se trata de un libro que nace de la humildad y de la sencillez de, simplemente observar, diría yo...

Y para acabar, yo diría que me gustó el libro porque me quedaron ganas de volverlo a leer al cabo de un tiempo, esta vez resumiéndolo. Y cuando lo sientes sin más esto es, prueba infalible de que has disfrutado con la lectura. Igual sucede con la técnica interpretativa de los actores, lo que llena es lo espontáneo y natural. Y es que, ¿no son acaso actores, las figuras de los cuadros que podemos ver en las obras de pintura realista? Porque en la pintura abstracta... ese ya es otro tema a parte, quizás, me aventuraría a decir que, en esos casos, estamos viendo las almas del autor que nos ofrece un amplio abanico de ellas porque, al ser artista tiene el don de no cerrarse en sí mismo y extrapolarse fuera de su ego. Es decir pinta para los demás, que al ver su cuadro se sienten identificados, porque el pintor así lo deseó en el momento de “parir” la obra.
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