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KIM JI-WOON | 03/06/2013


El director de´El bueno, el malo y el raro´


Kim Ji-Woon , director y guionista coreano, de cuarenta y nueve años, abandonó sus estudios en el Seoul Institute of the Arts para empezar su carrera como actor y director teatral. Como cómico participó en producciones como "Hot Sea" o "Movie Movie".
Destaca de sus últimas películas, un crecimiento considerable, dando prioridad al estilo visual, muy cuidado. Recibió por ello muy buenas críticas y un gran éxito comercial.
Yo de él he visto sólo “ El bueno, el malo y el raro” . Nada más el título nos conduce a la película tan famosa de Sergio Leone “El bueno, el feo y el malo”.
Pero, dejando esto a parte, me fascinó el abundante contenido de violencia saturada con hiperrealismo, y una sensación, al ver las escenas de acción, que te indican que estás viendo cine coreano. Véase la escena en que el malo corta los dedos de otro; cuando se enfrentan cinco años después, de nuevo, se repite el flash-back de la escena,- eso en el cine occidental no sucede-, quiero decir que va a un ritmo más pausado. Se ve la brutalidad típica que, a mucha gente, le hace cambiar de canal si la ve por la tele. Y después, sin embargo, todo queda fusionado con un humor puramente ingenuo y que te planteas por qué te ríes, por ejemplo, al ver a un pistolero disparando con una escafandra de buzo en la cabeza.
El cine coreano tiene su aliciente, pero has de estar abierto de miras. En las persecuciones del film en cuestión se gasta un montonazo en extras, y no se regatea para nada en explosiones. Como suele pasar en muchas películas orientales, ves que un tipo con un rifle y a caballo es ca paz de matar a todo un regimiento de soldados japoneses.
Está claro que, James Bond también alardea de fantasmadas inverosímiles pero, no es el mismo estilo de mostrarlo en la pantalla. En el caso de Kim Ji-Woon, se ve inocencia y pureza y, automáticamente, al verlo lo pasas por alto diciendo, bueno a ver qué pasa y no te asombras... más bien, dices “¡ Qué acierto del director, el dar ese toque de fantasía”.
Por así decirlo, el cine de este film es el surrealismo alucinante de la película de Leone.

El vestuario está muy cuidado y, los movimientos de cámara se hacen de forma distinta. Aquí, el espectador ha de buscar el orden y la lógica; no te viene preestablecida y dispuesta con un halo de seriedad, que te acaba cansando por considerarlo inútil, en el caso de que te hagas seguidor del cine asiático.
La fotografía no tiene desperdicio; por ejemplo, en la recreación del flash-back es muy bonito lo que el espectador ve, y hasta en ocasiones, el pequeño parón en la pantalla de la cara del pistolero moreno, de pelo largo, con flequillo de visera, te recuerda a Dragon Ball Z. Porque todo el mundo sabe que los dibujos japoneses son notables en lo de ralenntizar la imagen y dividir los planos en infinidad, que se van superponiendo. Hasta el sonido se apaga cuando cae del caballo uno de los protagonistas, abatido por los disparos. El espectador, indefenso en su asiento, asiste a lo que es una tragedia instantánea... se podría llamar así porque la mente, al principio, al estar habituados al cine norteamericano, no entiende el motivo del silencio. Es decir, diría que en este film lo puedes empezar a ver en cualquier secuencia que vas a disfrutar lo mismo que si lo vieras entero. Es una realización sincopada, es ¡distinto! símplemente. Cuando el petróleo sale, te quedas anonadado de lo curioso que resulta eso. Porque esperabas otra cosa. Es un filme en el que el director te guía por mil y una pistas a la vez, y si escoges con calma las diversas interpretaciones, le ves la lógica. A fin de cuentas,es un ritmo más pausado y, no se puede observar con los ojos de un occidental.

En fin, que recomiendo esta película porque, desde el comienzo es previsible, pero no aburrida. Porque lo que en Occidente se resolvería zanjando el asunto de forma rápida y flagrante aquí, el guión nos lleva por derroteros que te causan risa. Algo así como las peleas de Jackie Chan, otro oriental.
No podemos olvidar que el cine asiático tiene numerosas joyas, y no hace falta remitirse a Kurosawa. Sin más, el filme “El olor de la papaya verde” nos adormece gratamente. Es así para que nos entendamos, es otro espíritu el que anima las escenas de esta gran obra. Pues “El bueno, el malo y el raro”, es lo mismo pero con peleas.
Respecto a las conclusiones que puedes sacar, pues, hay que exprimirse más el cerebro, porque Kim Ji-Woon no nos lo pone fácil. Estoy seguro que, la mayoría de la gente la ve comiendo palomitas en el sofá de casa y se limita, al final de la proyección, a zanjar el asunto con un “ha sido divertida”. Pero, es que no está ahí la forma correcta de verla. Tiene mucho de filosofía, o al menos, tanta como las occidentales. Lo que pasa es que hay que saber ver, sin juzgar. Y una vez acabada la película, la mente sola, sin forzar, ya te hace recordar las conclusiones que subyacen en el interior de esta obra.
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