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SPLICE,EXPERIMENTO MORTAL | 03/02/2014


Un final “prometedor”


La angustia de engendrar un bicho raro, algo que tiene vida e inteligencia propia y, todo lo que tú quieras… Pero que, no es obra de Dios ( o de la madre Naturaleza, para los no creyentes) pues angustia. Provoca un repelús, unos escalofríos de muerte, ¿no?. En este film, Adrian Brody, un actor que nos muestra a un personaje enternecedor, a pesar de no perder, un ápice de masculinidad- véase virilidad-, tiene la osadía de ser persistente en la manutención de … un ser, raro, que fue creando junto con su novia, entre ambos, en unas probetas de laboratorio. Lógicamente, la cosa fue a peor según avanza el metraje.

Se llegó a la aberración de, formarse un trío, y bueno… ¿las consecuencias? desastrosas, como es de suponer. El personaje de Brody llega a copular con ella. Pero, es que la ciencia, que ellos crearon se les escapa de las manos.

En este filme hay tres partes diferenciadas. La primera, es cuando engendran al bicho, aparentemente dulce e inofensivo; es un periodo marcado por el ocultismo, con el que los dos jóvenes científicos llevan a cabo un experimento, en el más absoluto de los secretos. La segunda, es la que nos muestra la convivencia con dicho bicho-, calvo, por cierto- a la que llaman “Dern”. Y bueno, la gota que colma el vaso es, la pillada “in fraganti” de Brody copulando con “Dern”. La novia del personaje de Brody, le amputa a Dern el aguijón mortal de la cola.

Y la tercera: el desenlace, que curiosamente… Y ahí, está la maestría del director, patente, da más pánico lo que insinúa la secuencia final y, más correctamente, la imagen con la que, acaba este film, que la violencia (que aparecer, aparece explícita) que se da cuando Dern, fruto de la ciencia, que tiene unos insondables, vericuetos, procede a matar extrañamente haciendo que desaparezca la femenina Dern y, veamos al macho Dern.

¡Dios mío! ¿no se les retuerce el estómago, al pensar en la muerte del personaje de Brody y…. bueno, lo que sucede, a continuación? La ciencia, está claro, ha de tener unos límites, y, a este film se le podría llamar una fábula, si pensamos, en que es una advertencia de lo que, no se puede hacer en la vida real, por mucho que lo artimañen reputados científicos con solera.

No es que no tenga mérito. Pero es que, hablando desde los sentimientos, es inadmisible el precio, tan caro, que hay que pagar por, llevar adelante un experimento que se “sale de madre”. Y todo ello, por hacer caso de un egoísmo, frío como, como… una navaja de afeitar.
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