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ADEM. CINE BELGA | 03/02/2014


Los adolescentes no deberían perdérsela


Esta película belga es la ópera prima del director Hans Van Nuffel, en el campo de los largometrajes. Tiene mérito su realización pues, aborda el tema de una enfermedad incurable, fibrosis quística. Y bueno, como es de suponer, a lo largo del metraje, el espectador ve cómo delante de sus ojos se le da una vuelta de tuerca más a lo que las personas, en circunstancias normales, de la vida real, adoptamos como guía o sendero para encauzar nuestros sentimientos, miedos- sobre todo, eso- y pasiones.

Precisamente, de las pasiones se encargan de elaborar unos personajes repletos de ello, los dos actores protagonistas: Stef Aerts y Wouter Hendrickx. Es curioso, Foucault habla en sus libros de los temas del sistema penitenciario en nuestra sociedad, pero… digo yo, ¿y quién habla de las prisiones en las que nos metemos, a menudo, en la vida diaria, porque como señala Althusser, todo es contradicción (no se puede entender el concepto de sujeto, sin tener en mente, la contradicción), debido a la cortedad de miras?.

Daniel Goleman hizo un gran descubrimiento con la publicación de su libro “la inteligencia emocional”; una persona que no gestione bien sus temores, sentimientos o emociones, se dará de bruces siempre contra los obstáculos que nos pone la vida a todos, pues… la vida perfecta no existe.

En todo ello el cine realiza una gran labor terapéutica, y está muy bien que, muestras de cine belga, - no muy frecuente en nuestras pantallas- aparezcan para dar un soplo de aire fresco dentro de la pluralidad- no tanta como debiera- del cine comercial.

Los enfermos de fibrosis quística han de de tener mucho valor (lo que sucede en todas las enfermedades incurables) para encarar la vida como… ¿recuerdan aquel anuncio de Coca Cola en que se veía un entierro y, una voz en off, hablaba de un muchacho, amigo del fallecido, que decía – la voz- vivía cada día como si fuese el último de su vida? Pues se trata de eso. Y en hospitales y, dentro del sistema médico tuve la oportunidad de asistir a un cursillo para pacientes terminales, que ofrecían al público de la calle y lo que, se me quedó grabado de aquel día es, sencillamente, una pequeña cosa: que, algo tan simple como escuchar, cuesta mucho esfuerzo a cualquier persona que se lo proponga, si es que decide hacer una escucha activa.

Y a la postre, el protagonista de este filme, encuentra su alma gemela, en otro joven que está dispuesto a dicho esfuerzo.

¡No me digan que los finales de películas como esta, no son bellos! Y no las cursilerías de Disney Channel que, tan dulce lo intentan hacer todo que, personalmente, resulta intragable, según mi opinión.
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