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TED Y TED 2 | 12/02/2016


La imaginación al poder


Aunque no es la primera ocasión en que se mezcla a un personaje animado con actores reales de carne y hueso, como en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, se podría decir que este film tiene un contexto basado en la primera impresión que transmiten por ejemplo, otras películas como Mi novia es una extraterrestre. El formar parejas con componentes extraños es algo que aquí es arte, y fruto de la imaginación, y que sólo hace reir; pero, en realidad también hay casos parecidos, véase el caso de los matrimonios gays, o los de transesxuales.
El humor está garantizado, pues como lo que hacen los clowns, se busca un contrapunto y por contraste, con tal de que el director no tenga la manía de ser redundante, tiene toques de humor a mansalva. Esta película es una que, en la actualidad con los efectos por ordenador, y efectos especiales, el uso excesivo de la tecnología aquí no es tal y, está perfectamente justificado.
El director podría narrar fantasías y fantasías, dejando volar la imaginación como Alicia en el país de las maravillas; pero, si nos fijamos, las leyes que impiden a Ted casarse y tener hijos como otra persona cualquiera, son las que amparan el formato de la película para que, no sea un sinsentido y mera ocupación de la pantalla con imágenes- unas veces más acertadas que otras- como sucede en Mulholland driver, de David Lynch.
El personaje femenino aquí tiene que hacer frente a las connotaciones sexuales de un oso de peluche, que están por determinar, y cuyo resultado es todo fruto de la originalidad de los guionistas.
La duración se hará escasa porque... el imaginarse a un osito haciendo cualquier actividad de un ser humano, ya es notorio y chocante, si el oso está vivo; cuanto más si se trata de uno de peluche!!
No he visto la película pero, seguro que está también, Ted, a lo largo de la historia involucrado en algo que lo condena como culpable y que, junto con la ayuda de sus amigos, logra salir indemne.
En definitiva, una película que, tiene el gran mérito de ser para mayores de dieciocho años, siendo el protagonista un ser inanimado, como sucede con los dibujos animados infantiles. Sin Chán es otro caso curioso que tiene paralelismos con esta película, a la hora de trazar las premisas del guión.
Sin duda, aquí es digna de elogiar la función de los guionistas, pues en los films con actores de carne y hueso, es más fácil ir creando metraje, improvisando; pero, aquí el punto de inicio ha de hallarse claro y detalladamente establecido.
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