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BANDAS SONORAS | 09/11/2004


tristes noticias



En este verano cuatro noticias han ensombrecido el panorama de la banda sonora debido a los fallecimientos de los compositores Jerry Goldsmith (75 años), Piero Piccioni (83 años), David Raksin (92 años) y Elmer Bernstein (82 años).
Al norteamericano Jerry Goldsmith, siempre se le consideró el compositor de cine por excelencia, ya que fue quien más y mejor supo calibrar las infinitas posibilidades de fusión entre música e imagen. Entre sus trabajos, repletos de vigor, innovadores y ricos en matices, orquestación e instrumentación, destacan: Un retazo de azul (1965), El planeta de los simios (68), Chinatown (74), Los niños del Brasil (78), Bajo el fuego (84) y Desafío total (90).
El italiano Piero Piccioni permaneció en el negocio del cine de 1952 (Il mondo la condanna) hasta 1998 (Incontri proibiti), siendo un pionero en la introducción del jazz en el cine europeo, además de utilizar también “bossa nova”, pop y música sinfónica. Casi siempre estuvo al lado de sus amigos, el director Francesco Rosi, y el actor Alberto Sordi, siendo recordado por obras maestras como Scacco alla regina (69), Perversa (73) y la serie Quo Vadis? (84).
Por su parte, David Raksin, retirado desde 1989, llegó a conocer y trabar amistad con todos los grandes- de Alfred Newman a Bernard Hermann-. Trabajó en el cine desde los años 30, y entre sus obras más célebres están Laura (1944), Cautivos del mal (52) y Sylvia (65). Además, fue un prestigioso director de orquesta, escribió varios libros, y estuvo como docente en la Universidad del Sur de California enseñando técnica musical a nuevos talentos (Poledouris, Christopher Young).
Y, finalmente, Elmer Bernstein, quien era un mito que poseía el record de composición en activo (desde 1950 a 2002), y cuyo último score había sido el melodrama Lejos del cielo. Uno de los grandes músicos de la historia que demostró su versatilidad en los campos del jazz violento (El hombre del brazo de oro, 1955), el oeste sinfónico (Los 7 magníficos, 1960), el drama sensible y melancólico (Matar un ruiseñor, 1963) y la comedia disparatada (Aterriza como puedas, 1980).
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