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REPORTAJES
     
 
OTROS CINES | 17/11/2004


Primera parte



OTROS CINES

(A partir de información obtenida en el número de noviembre del 2000 de la revista “O Correo UNESCO” según un trabajo de Sophie Boukhari y James Burnet)

En el 2000 los festivales de Cannes, Venecia y Locarno entre otros, reconocieron la calidad del cine de países orientales como Irán, Japón, Corea del Sur y China.
Hay distintos estilos aunque, con frecuencia, tienen en común una inspiración neorrealista. En el caso de Corea del Sur la aparición de un nuevo cine es fruto combinado de la batalla por la democracia y contra la hegemonía de Hollywood. En China, mientras tanto, la “sexta generación” de cineastas encuentra en el extranjero el reconocimiento que le niegan la censura y la indiferencia del público nacional.
También en América Latina algunos directores se inscriben en una dinámica pareja. El cine argentino, que sale a la calle para captar la realidad, es uno de los más prometedores. Y por último nos planteamos la pregunta de si estos cines emergentes encontrarán el preciso sustento, para situarse en la cima, en las nuevas tecnologías.

Para Martín Rejtman, cineasta argentino, el papel de los Festivales es primordial pues hacen coincidir a muy diversos cineastas de distintos lugares y así son dados a conocer al gran público. “Lo que en Europa sólo sirve para pagar una sinopsis, en Argentina, para los independientes, llega de sobra para un largometraje. Tener poco dinero no es un ideal, pero obliga a agudizar el ingenio y a buscar soluciones narrativas acordes con tu situación”.
“En Buenos Aires hay ahora más de 15 escuelas de cine y esa proliferación de centros sólo puede traducirse en ganas de hacer películas”.
En Irán y Taiwán, afirma, se puede percibir la inocencia de mostrar algo como si fuese la primera vez que llega a una pantalla; no tienen la agobiante omnipresencia televisiva.
Por último, puntualiza Martín Rejtman, que la falta de apoyo estatal al cine en muchos países puede ser la causa de la “aparición de personajes o instituciones que funcionan al margen de la nacionalidad que figura en su inscripción en el registro” y que producen proyectos concretos, películas que... no nos podemos permitir el dejar de verlas.

Según Alain Jalladeau, delegado de la Cinemateca francesa en Nantes, y director del Festival de los Tres Continentes, el auge de las cinematografías nuevas no es la primera vez que sucede. Antes de que la directora iraní Samira Majmalbaf triunfase con “La pizarra” por encima de la producción de los hermanos Coen, antes también de que “Bailar en la oscuridad”- en la que Lars von Trier dirige a la cantante Björk- se llevase la Palma de Oro, que el director chino Jiang Wen recibiese el Gran Premio del Festival de Cannes 2000 y que, Tony Leung, de Hong Kong, fuese elegido mejor intérprete masculino, y Edward Yang (taiwanés) mejor director, a principios de la década de 1960, la “nouvelle vague” francesa propuso la fórmula mágica. En Polonia (Roman Polanski, Jerzy Skolimowski... ), en Checoslovaquia (Milos Forman, Ivan Passer... ), en Japón (Nagisa Oshima, Shohei Imamura...) o en Brasil (Glauber Rocha, Ruy Guerra...) también la aplicaron. Aquel decenio y los siguientes fueron ricos en insurrecciones creadoras, fuerte contestación de una ruptura con la tradición. Se reivindicaba una mayor libertad de expresión para escapar a las ataduras de la industria cinematográfica de la época.
Ahora, no obstante, el principal problema es la situación hegemónica de EE.UU. que copa el mercado cinematográfico de todo el mundo. Asimismo, el cine norteamericano perdió calidad pues, hoy es difícil encontrar en los Estados Unidos un equivalente de John Casavetes que nos ciegue y abra caminos con una nueva “Shadows” (1960). Festivales (Cannes, Venecia, Berlín, Locarno, Donosita, Nantes, ...) y publicaciones como la prestigiosa “Cahiers du Cinéma” son un apoyo imprescindible para que emerjan nuevas cinematografías.
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