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JOAQUÍN JORDÁ | 14/01/2005


Un director consciente de lo que es hacer cine



Joaquín Jordá

Es un director de los que les gusta “mojarse “ a la hora de hacer su trabajo. Es una de esas personas que tiene conciencia de que su trabajo no está desvinculado del entorno en el que vive y que está hecho para ser útil a la gente de su época. Un realizador así es un “rara avis” actualmente, en la sociedad globalizadora y enormemente consumista en que vivimos.
Sus películas merece la pena verlas porque independientemente de que te gusten o no, una cosa puedes tener segura, y es que no te va a dejar indiferente.
Temas comprometidos, en los que es muy esperanzador contribuir a concienciar la opinión pública del riesgo que suponen, es su tema preferido; este es el caso de los chicos del caso de El raval. Sobre esta investigación que se llevó a cabo ante una red de pederastia se llegó incluso a escribir un libro.
En este caso, ocurrido en 1997, ocurrió, lamentablemente, un hecho, tras hacerse pública la noticia, que nos revela como nuestra sociedad adolece de grandes fallos, y es que hubo una gran manipulación de la noticia por parte de los medios de comunicación.
Respecto al condenado, Jordá opina que ya era culpable antes del juicio; y al hacer esta declaración muestra que ve las cosas libremente sin depender de una “esclavitud” por seguir el protocolo típico en estos casos. Cosa que es digna de elogio, a mi entender.
Descartando la intención de hacer un producto comercial con la única intención de vender, Joaquín Jordá, decidió mostrar el caso, con todos sus vericuetos, en un tiempo superior a tres horas.
Curiosamente, no hizo falta reflexionar mucho sobre el título, “De niños” pues, como afirma el realizador, en todo este entramado todos los personajes se comportaban como si de niños se tratase, ...incluso los jueces.
El libro de Arcadi Espada, el infarto cerebral que sufrió Jordá, y una extraordinaria sensibilidad para percibir la vida, que sutilmente avanza por múltiples cauces, de la ciudad en que vive contribuyeron a que este realizador se decidiese a hacer la película, un film sobre el único delito que actualmente no tiene perdón, que pone a toda la gente con los pelos de punta. Y la historia delictiva aparece imbricada en un intento de remodelación de un antiguo barrio, el de El Raval de Barcelona.
La trama fílmica comenzó a tomar forma situando como referencia el cine negro americano de los años 50 y 60, el cine de investigación; y una vez fijadas las pautas, el resto fue a base de hablar con la guionista Laia Manresa, y con el vecindario y la gente de la zona. Rumores, la compra de besos con dinero, muchachos que sospechosamente suben a coches, ...
El juicio, Jordá quiso plasmarlo con todos los matices y sin dejarse ni un solo cabo suelto, que sirva para comprender todo el entramado que acompaña a la historia del barrio. No obstante, se ponen en evidencia los sempiternos problemas que llevan ocurriendo en muchos casos desde hace tiempo; que la policía no dispuso del tiempo suficiente para investigar ni contó con los medios suficientes;
En la entrevista que le hacen a Jordá, Anuschka Seifert y Adriana Castillo, se ve claramente en las palabras que el entrevistado emplea que la prensa se comportó de forma muy crédula con un titular que les proporcionó la policía, cuando que en realidad no era para tanto la cosa.
La policía, durante el franquismo se la tachó de que mentía; ahora es otra idiosincrasia pero no llega a ser perfecta la situación; la prensa avanza, en su comportamiento, a trompicones, quedando por desgracia muchos huecos sin cubrir.
Lo que es realmente sorprendente es que, al final, Jordá afirma que Tamarit, el acusado principal fue una víctima usada malvadamente como cabeza de turco con el fin de dar un lavado de cara a la suciedad que embrutece nuestra sociedad. Con esta película se clarifican las ideas que uno pueda tener respecto a la justicia y se aposentan mejor en la mente de uno los conceptos relacionados con ello.
Hay una pregunta que le hacen a Jordá y la contestación que él da, que transcribo literalmente pues me parece que es el núcleo principal de toda la entrevista: “La primera vez salí cabreada de tu película porque tenía la sensación de que tu me querías enseñar la cara amable de la pederastia...
La película no gira sobre este tema, la película gira sobre la utilización social de una historia. No, yo no estoy intentando mostrar el lado amable de la pederastia.”
Por último, Jordá hace una interesante reflexión, dice que cuando un adulto viola a un niño esto se produce debido al abuso de la fuerza... Pues bien, no nos damos cuenta pero, nuestra sociedad está montada sobre el abuso de la fuerza, véase el ataque de la superpotencia de EE.UU. contra un pequeño país que sólo tiene petróleo.

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