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REPORTAJES
     
 
ALBERT BOADELLA | 14/01/2005


Fundador de "Els joglars"



Entrevista a Albert Boadella, fundador de “Els Joglars” (El Progreso. Belén López, 14-10-2001)
El teatro es una terapia para él. Una terapia para los espectadores, que se proyectan en el escenario, y para los actores, que pueden dar rienda suelta a todas las facetas de su personalidad. Pero, sobre todo, es un juego.
· En torno a las facultades de Bellas Artes suele entablarse una eterna discusión sobre la importancia de la formación. En el caso de la actuación, ¿qué importancia le da a la formación?
· El artista en general, y por lo tanto el actor de teatro, debe tener una formación. El genio ya se le supone. Es como el caso de la mili: el valor ya se les supone. Después, para demostrar el genio, existe una variada serie de fórmulas y existe un ejemplo clarísimo de esto en la música. Un hombre puede tener un sentido musical extraordinario, puede ser incluso un genio en potencia, pero si le abres un piano y no tiene una formación, por mucha genialidad que tenga en potencia, no tendrá ni idea de cómo tocarlo. Pues en el teatro es igual: uno puede tener una predisposición extraordinaria, pero si no sabe utilizar ni su cuerpo ni su voz, es imposible que haga algo de interés.
· A principios del siglo XXI, ¿tiene sentido el término de artista comprometido?
· El artista siempre es comprometido. El problema que hay en la actualidad es que el artista tiene vocación de funcionario. En general, está sostenido por las administraciones y por eso no quiere compromisos especiales con la libertad, porque no puede ir contra quien le da de comer.

En la formación de un actor, Albert Boadella otorga al método una importancia destacada. “El hecho de decir, por ejemplo, que se ha quedado tocado por un personaje es culpa del método, porque se ha realizado la interpretación con muchos fallos. En Els Joglars hay como una disciplina ante la forma de penetrar en un personaje. Tenemos nuestras medidas, unas pequeñas costumbres higiénicas como, por ejemplo, nunca hablamos de los personajes o de las obras fuera del teatro. Por tanto, nunca hemos tenido problemas de ese tipo, de que un actor haya tenido un alto grado de penetración en su personaje. Esto, a pesar de cientos de representaciones como en el caso de Daaalí . Uno de nuestros mejores actores, Ramón Fontseré, ha interpretado a Dalí 350 veces o más y yo puedo dar fe de que no ha adquirido la personalidad del pintor. Hombre, algún caso famoso sí se ha dado, ahí está Johnny Weissmuller, que acabó gritando como Tarzán en el hospital en el que estaba recluido. Pero yo creo que ya estaba loco antes de Tarzán.
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