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MITOLOGÍA JAPONESA | 03/06/2005


(Continuación)



Una vez, Amaterasu envió a su hermano como representante ante la diosa de los alimentos, Uke Mochi. Para celebrar, la diosa de la comida le ofreció una espléndida comida, creada de su boca y su nariz. Tsuki-Yomi estaba tan disgustado que la mató. Cuando Amaterasu supo del crimen de su hermano, se enojó mucho y no quiso ver más a su hermano. Desde entonces, hermano y hermana viven separados, alternándose en el cielo. Por esto el día siempre sigue a la noche.
Y ahora os presentaré a Susanowo:
De acuerdo con la antigua religión Japonesa Shinto, Susanowo era el dios del mar y de las tormentas. Susanowo tenía un temperamento impulsivo y furioso. El podía crear tormentas violentas que podían causar muchos daños.
Una vez su hermana, la diosa del Sol Amaterasu, estaba tan apenada por su temperamento furioso que ella decidió esconderse en una cueva, cerrando la entrada con una enorme piedra. Amaterasu era la diosa de la luz. Ya que estaba en la cueva, el mundo se obscureció.
Los dioses hicieron que Susanowo se fuera. Después de esto, Susanowo tuvo que sobrevivir muchas aventuras peligrosas. El mató a una serpiente gigante que tenía ocho cabezas y se encontró una espada dentro de ella. Después de muchos viajes, Susanowo fué a vivir con su madre Izanami en el inframundo.
Susanowo era el dios del mar y de las tormentas de acuerdo con la antigua religión Japonesa Shinto, que significa "la manera de los dioses". Susanowo nació de la nariz del dios antiguo Izanagi. El tenía un temperamento impulsivo y furioso. De hecho, su nombre significa "impetuoso." El podía crear violentas tormentas que causaban mucho daño. Una vez, su hermana, la diosa del Sol Amaterasu, estaba tan apenada con su ira que decidió esconderse en la cueva del cielo.
Por desgracia, sin Amaterasu, que reinaba en el reino de la luz, la obscuridad cubrió al mundo. Los espíritus malvados salieron de sus escondites. Sin embargo, usando un espejo la asamblea de los dioses hicieron que Amaterasu saliera de la cueva. Una vez más la luz invadió y coloreó al mundo.
Para prevenir otro accidente similar, los dioses expulsaron a Susanowo hacia la provincia de Izumo y le confiscaron su barba, sus uñas y otras posesiones. Después de esto, Susanowo tuvo que superar muchas aventuras peligrosas. Una vez mató a una serpiente mostruosa que tenía ocho cabezas y encontró la espada sagrada, Kusanagi. Hoy la espada, junto a un preciado espejo y joyas, representan la insignia de la familia imperial de Japón. Después de muchos viajes de aventuras, Susanowo fue a vivir con su madre Izanami en el inframundo.
Por último, como colofón de este viaje por el mundo espiritual del antiguo Japón, os hablaré del shinto. En el viejo imperio del Sol Naciente se desarrolló el culto a los kamis.
Antes de la llegada del Budismo a la isla los kamis ya eran venerados como entes espirituales imbuidos de un sutil y especial poder que podïa socorrer al hombre en momentos de peligro; la invisible presencia de los kamis puede latir en cualquier lugar de la naturaleza y tambiën en los templos. De hecho, en el templo se halla la residencia del dios, el shintai o "el cuerpo del dios". Los emblemáticos torii, como el de la foto, señalan la proximidad de un templo sintoísta.El sintoísmo no constituye propiamente una religión en un sentido formal. Carece de dogmas, y de textos que enuncien un claro contenido doctrinario. En el sintoísmo es también decisiva la búsqueda de la pureza. De ahí su apego a una forma de purificación llamada harae ("barrido") que es indispensable antes de toda ceremonia religiosa. Detrás de la imagen del Japón hipertecnológico y occidentalizado, aún perdura el ancestral sintoísmo en las tierras niponas. Rituales y fiestas sintoístas todavía se celebran y los torii y el Monte Fuji Yama continúan exudando sus auras de iconos sagrados.
Como resumen podríamos decir que la religión japonesa es un culto a los kami. En nuestras lenguas occidentales no existe un equivalente exacto de esta palabra. Como todas las voces japonesas, kami carece de género y número, pudiendo referirse a una o varias divinidades, femeninas o masculinas; se utiliza para designar al dios único de los cristianos como a seres a los que más bien daríamos el nombre de espíritus: silvestres, acuáticos, domésticos y otros muchos espíritus colectivos. La amplitud del concepto no nos permite precisarlo más. A lo sumo puede darse del mismo una definición negativa: los kami no son ni omniscientes ni todopoderosos, ni fundamentalmente buenos ni malos, y ni siquiera puede decirse que están siempre presentes. De hecho, el llamar a la divinidad al comienzo de un acto de culto y él despedirla al final de la celebración constituye una parte esencial del rito de los templos, prueba evidente de que la presencia de las divinidades es excepcional. El shintai (cuerpo del dios) que se conserva en los santuarios - espejo, espada, peine, piedra o cualquier otro objeto- es sólo un símbolo de la divinidad o el lugar donde ésta viene a instalarse durante el culto. A veces se colocan también arbolillos, postes, pértigas, etc., como asientos temporales de la divinidad, lo que permite suponer que los kami vienen de lo alto, es decir del cielo.

Fuentes consultadas:
Windows to the Universe (Ventanas al Universo), en http://www.windows.ucar.edu/ de University Corporation for Atmospheric Research (UCAR). ©1995-1999, 2000 Los Regentes de la Universidad de Michigan; ©2000-05 University Corporation for Atmospheric Research

© Revista KENOS. Número 2. 2003 Dirección Esteban Gerardo. “EL SHINTO: LA ANCESTRAL ESPIRITUALIDAD DEL JAPÓN” por Nelly Naumann





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