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REPORTAJES
     
 
LO QUE LOS DIBUJOS ANIMADOS ESCONDEN | 19/02/2007


No todo es como parece



Seguro que han visto muchas veces dibujos animados de Walt Disney o de Looney Tunes, pero... ¿Se han preguntado alguna vez qué criterios mueven a los personajes, en qué tradiciones culturales basan sus breves historias, y por qué nos resultan tan divertidas cuando, en realidad, parece que repitan siempre el mismo molde narrativo?.

La mayoría de los personajes protagonistas de los cortometrajes de los Looney Tunes
(Bugs Bunny, Wile E. Coyote, Pepé le Pew, Silvestre, etc.) son tricksters o burladores, figuras presentes en una larga tradición cultural y literaria (mítica, cuentística, leyendística) que abarca todos los continentes desde las poblaciones más primitivas. En concreto, los dibujantes y guionistas de la Warner Bros. Company han partido de la tradición de los indios norteamericanos para recuperar figuras como el tío Coyote con Wile E. Coyote, o el tío Conejo con Bugs Bunny. Además, hay que destacar los fundamentos de las breves historias y gags narradas en los cortometrajes en los
mitos y leyendas de los nativos norteamericanos. Los paralelismos a veces son tantos que se podría decir que es el mismo cuento tradicional el que es llevado a la pequeña pantalla.

Sobre la caracterización del personaje de
Bugs Bunny, Tex Avery, uno de sus creadores, comentó en una entrevista: «Cuando pensamos en dibujar un conejo, decidimos que debía ser un personaje listo y continuamente en alerta, y que la primera frase que debía pronunciar era la de ¿Qué hay de nuevo, viejo? (What's up, doc?) y menudo éxito tuvo. Todo el mundo esperaba que, al verse encañonado por un rifle, el conejo chillase o dijese cualquier cosa menos ésa. La frase hizo reír tanto al público que me dije a mí mismo: Muchacho, tienes que meterla todas las veces que puedas, y de esa manera la serie Bugs Bunny se convirtió en
la serie ¿Qué hay de nuevo, viejo?».
El relato de Avery ilustra a la perfección uno de los principios en los que se basa buena parte del violento dinamismo de los dibujos animados de Hollywood. La calma frente a los torbellinos de acción propios de esa clase de cine actúa como elemento de sorpresa y contraste, y Avery era un maestro en la creación de estos momentos.

Otro de los principios básicos de los dibujos animados es el de unos antagonistas concebidos ya de entrada en función uno del otro; en este sentido, Bugs Bunny se complementa y depende de Elmer o de cualquier otro enemigo equivalente, como ocurre también con Tom y Jerry de la Metro Goldwin Mayer.

Pero, mientras que de Tom y Jerry o Bugs Bunny puede decirse que son personajes antagónicos de más o menos la misma importancia, el Correcaminos apenas llega a ser un personaje. Parece más bien una fuerza impersonal del universo, destinada a tentar, someter a prueba, esquivar y derrotar al infatigable Coyote. De hecho, los repetidos gags y percances de los dibujos animados del Coyote y el Correcaminos están casi siempre contemplados desde el punto de vista del primero, un personaje tan acabado y completo como Bugs Bunny y Jerry (quienes, a diferencia de Elmer y Tom, se ven
tan bien definidos muchas veces por los objetos domésticos que les rodean en sus cuevas, agujeros y grietas), aunque no pronuncia nunca ni una sola palabra. El hecho de que Chuck Jones contribuyese a la creación de Bugs Bunny, el Coyote, Daffy, Speedy González, el gato Silvestre y otros de los personajes más conocidos de los dibujos animados de la Warner explica por qué todos ellos parecen combatir en un momento u otro la misma cansada humanidad y paciencia, sobre todo inmediatamente antes y después de que les ocurra alguna catástrofe. Por lo general, los espectadores sienten menos compasión y simpatía hacia el Correcaminos, por no tratarse de una personalidad lo suficientemente definida como para provocar esos sentimientos.

Un último aspecto que me parece importante destacar es que, aunque elástico, el universo de Jones es materialista. A diferencia de Disney, donde la magia interviene para cambiar el curso de la acción (un deus ex machina que pertenece al cuento de hadas), en Jones incluso el encantamiento tiene sus reglas, y quien tenga la inteligencia para comprenderlas, las domina. Bugs puede enfrentarse con una bruja (en Broom-Stick Bunny) o con un vampiro (en Transilvana 6-5000), pero también pelear con las mismas armas. Aunque la gravedad venza al Coyote, tiene la fuerza de lo irremediable. Nada viene de la nada en el mundo jonesiano.

«En las tradiciones mítico-religiosas de todo el mundo resulta prácticamente imposible no encontrar la figura del trickster, tramposo o burlador que, al engañar de algún modo a Dios o a los dioses, se convierte en una especie de fundador o de primer motor de la cultura humana». Así es como José Manuel Pedrosa define la figura del trickster, de la cual nos propone varios ejemplos en la literatura y cultura. Podemos decir que, en principio, la figura del trickster tenía connotaciones principalmente mítico-religiosas pues venía a justificar lo que se ha llamado el mito del paraíso.
Podemos decir, en general, que en el origen de un pueblo humano tiene que haber una violencia ritual para explicar la sucesiva violencia social. En la tradición cristiana tenemos Adán y Eva como figuras de tricksters, defraudadores de Dios y padres de la raza humana; en la tradición greco-latina están los personajes míticos de Pandora y Prometeo, que desobedecieron a los dioses para dar a los hombres las enfermedades y el
fuego; en la antigua Mesopotamia están Gilgamesh y Emkidú, que robaron cedros intocables de bosques sagrados con el fin de construir también edificios para hombres.
Con el paso del tiempo, el trickster ha demostrado que su figura no está necesariamente ligada a la religión, y ha dejado innumerables huellas en las tradiciones de la literatura oral y escrita. Por ejemplo, el trickster por excelencia es Ulises, el astuto frente a la fuerza bruta, cuyos ecos en las diversas literaturas analiza detenidamente Piero Boitani.

Por otro lado, el trickster bueno es el que roba los dones para devolverlos a sus dueños
originales, reintegrándolos al circuito de dones al que pertenecían; es el caso del moderno Indiana Jones y de todos los superhéroes como Superman, Batman, Spiderman, etc.
Los tricksters animales han sido tan populares y relevantes como los humanos en muchas tradiciones, tal y como observa José Manuel Pedrosa, quien ofrece un ejemplo muy explícito en relación con la figura del ladrón de fuego. Éste, que en la tradición grecolatina es el humano Prometeo, en la mayoría de las tradiciones míticas de todo el mundo está encarnado en algún animal e incluso en una serie de animales.
La popularidad de los tricksters animales está también acreditada por la presencia continua de la astuta zorra en los cuentos de toda Europa y de gran parte de América, del coyote en los cuentos indígenas norteamericanos, de la liebre (compère lapin), de la tortuga y de la araña en los relatos tradicionales africanos y en el Caribe, etc.
El trickster es una poderosa figura de las leyendas y mitos de las tribus nativas americanas; es una divinidad tonta, un payaso sagrado que generalmente toma una de las siguientes formas: conejo, coyote, cuervo, liebre, araña o visón. «El trickster es una figura heroica a la vez seria y cómica» dice el antropólogo Richard M. Dorson.
Todos estos tricksters son figuras paradójicas, pues son al mismo tiempo personajes muy astutos y muy estúpidos: un héroe de la cultura y, simultáneamente, una fuerza destructiva. Entrando en el terreno de las filosofias orientales, podemos decir que ya Lao Tzé dijo como característica del ser humano ideal precisamente eso, el que ha de ser “ el más tonto de los tontos y el más listo de los listos”.
En un análisis más profundo y detenido, está claro que la lucha del Coyote no es con
el Correcaminos, sino consigo mismo, en un intento desesperado de salvar su dignidad. Pero, en un plano más superficial, vemos cómo es la batalla entre la necesidad frente a la velocidad, gravedad frente a aceleración. A lo largo de la carrera del Correcaminos y del Coyote, en más de dos docenas de dibujos animados que forman la crónica de los encuentros de este dúo, la formula clásica de persecución nunca pierde tensión. Al desafortunado Coyote se le ocurren intrigas cada vez más elaboradas y aparentemente infalibles para atrapar al Correcaminos que, ajeno al peligro, siempre escapa de los meticulosos designios del trickster.
Según Chuck Jones, tanto él como sus colaboradores artísticos, siguieron una serie de
normas sencillas pero estrictas:
1. El Correcaminos nunca puede hacer daño al Coyote excepto haciendo ¡Beep!
¡Beep!.
2. Ninguna fuerza externa puede hacer daño al Coyote, salvo su propia ineptitud o el
fallo de los productos Acme.

Wile E. Coyote es un trickster cinematográfico que comparte muchas características con el tío Coyote de los cuentos tradicionales norteamericanos. El Coyote fue protagonista de los cuentos orales de muchas poblaciones de todo el mundo. En un ensayo sobre los aspectos psicológicos del personaje, Stanley Diamond relacionó el Coyote con un primitivo concepto de unión entre el bien y el mal, sobre todo en la época en la que la distinción entre estas dos fuerzas no estaba tan bien delimitada. Las travesuras del Coyote a menudo se vuelven contra él, que cuenta con la habilidad de regenerarse a sí mismo una y otra vez cada vez que es vencido. Los cuentos tradicionales sobre este
personaje suelen ser muy divertidos, a menudo escatológicos y abiertamente sexuales; se solían contar entre los indios durante las largas y frías noches de invierno, tanto que, a menudo, se decía que llevaba mala suerte contarlas en otra época del año. Y tenían una función didáctica a la vez que de entretenimiento.
Claude Lévi-Strauss ha tratado de explicar por qué el coyote es un trickster en la mitología de los indios americanos

(La mayor parte de esta información está extraida de la Revista electrónica Culturas Populares, número 1, enero-abril 2006: Valvassori, Mita. “El personaje trickster o ´burlador´ en el cuento tradicional y en el cine de dibujos animados”)
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