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MONOGRÁFICOS
     
 
MENTES PERTURBADAS | 28/02/2007


Breve ensayo sobre el libro “Locos de la historia” de Alejandra Vallejo-Nágera



Pedro el Grande, por lo visto, era un hombre dotado y valiente como pocos pero, sin embargo, le daba pánico dormir solo y, sorprendentemente, pedía a cualquier soldado o sirviente que compartiese su lecho cuando no había mujeres cerca. Y es que yo creo que por eso era, precisamente, valiente. Porque centraba su atención, más bien preocupaciones, en el detalle, insignificante para la mayoría de la gente, de no dormir solo; mientras que, por ejemplo, el resto de los soldados centraban su atención en si les iba a salir bien en la batalla o no, en si los matarían en lugar de matar ellos, y... en las cosas coherentes y lógicas, Pedro, a eso no le daba importancia porque no tenía necesidad. Así de simple, y viéndolo así se explica que no sintiese necesidad de tener miedos ante peligros en el transcurso de las batallas. Dicho de otro modo, su cerebro aceptaba el detalle de querer dormir acompañado como una droga, un elixir o fármaco que le daba valor y coraje donde a otras personas les faltaba. Profundizando más en este planteamiento diré que el autismo, o un “pseudoautismo” es utilizado muy frecuentemente por gente excepcional o rara; me refiero a que centran su atención del mismo modo que si un autista charla tres horas con un señor en un bar y presta sólo atención a la hebilla del cinturón del pantalón de ese señor.
Alejandra Vallejo-nágera dice en las primeras páginas de este libro que los personajes de los que habla que “vivieron bajo el yugo de un desequilibrio mental atroz, incomprendido, que condicionó sus actos y sus obras de un modo trascendental”. Y es que cuando, por ejemplo, uno es esquizofrénico, yo diría que se nace con ello. Se piensa de forma distinta siempre, incluso cuando no ha salido a la luz la enfermedad aún; se va acentuando cada vez más esa tergiversación del pensamiento y de las emociones e, incluso, de los sentimientos, hasta que cuando está ese cambio en el cenit, poco antes de caer enferma la persona, estalla la enfermedad, sencillamente, porque el cerebro no puede más, y entonces, en la práctica, dicha persona comienza a ser tratada como un enfermo mental.
Sin embargo, dónde está la cordura y la locura... Juana de Arco para mí se comportaba como una esquizofrénica, he oído decir que Jesucristo era esquizofrénico,... El mundo, querámoslo o no, funciona de la forma en que funciona porque la mayoría de gente de este planeta así lo quiere. Pero podía funcionar de miles de formas distintas a esa y no por eso menos válidas. Lo que sucede es que como la gente a la que calificamos de enfermos mentales son minoría, pues no pueden estar en un mundo cuyo patrón se ajuste a sus esquemas mentales. Así de simple. Ya lo dice el Tao de Lao Tsé: el blanco es blanco porque existe el negro. Sino no habría contraste.
“Estremecieron o avergonzaron a los suyos”: el hombre siempre, como ser pensante que es, juzga lo que ve, lo que piensa, lo que hace... lo juzga todo y así sucede que cuando un determinado conjunto de personas de conducta dispar se comporta de modo distinto a como lo hace el resto son juzgados por la mayoría. Y no hay que ser muy listo para darse cuenta de que si hacen algo que los demás no comparten, a ellos les sentará mal, produciéndoles sentimiento de vergüenza o estremecimiento, lo cual viene asociado a la idea de posesión (se suele dar que las personas sanas crean que los locos les pertenecen pues son seres inferiores de algún modo).
Alejandra hizo con este libro una grandísima labor pues se aproximó a la vida de estos personajes excéntricos con “cuidado, con respeto, intentando comprender” y es que no hay forma más elevada (según mi opinión) de sabiduría que el aproximarse con respeto y afán de comprender a los misterios que depara el comportamiento del ser humano a lo largo de la historia sobre este planeta.
En el fondo, es como ver una película: uno lee este libro y se encuentra con que despierta en su interior sensaciones de curiosidad, admiración, horror o ternura. En la introducción, Alejandra hace una concesión al sentimiento de bondad y dignidad humana al juzgar los actos de la condesa Báthory, “cuya aberrante locura ocasionó una masacre esperpéntica, a los demás les agradezco que existiesen”... Y es que si no hubiera mostrado este gesto tan humano y tan cargado de sentimentalismo y dignidad haría lo que Hannibal Lecter en “El silencio de los corderos” que cuando está hablando con la agente Starling le dice que ella en el fondo se parece a él por compartir ambos planteamientos y esquemas mentales comunes. Esto me lleva a decir que, evidentemente, ser cirujano de la realidad del comportamiento humano, puede ser todo lo frío que tú quieras pero, en todo-y esto no es una excepción- hay límites. El límite de la bondad y de la energía benefactora del Bien no se debe traspasar por la gente “cuerda” pues, sino se caería en la frialdad cortante como una cuchilla
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