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“ LA RUEDA DE LA VIDA”. ELISABETH KÜBLER-ROSS | 25/04/2008


Una auténtica lección de optimismo, humanidad y voluntad



Aunque la autora era una autoridad en el tema de la muerte, se puede decir que leer este libro, que son las memorias que escribió cuando presentía próximo su final, es una forma de amar la vida inusitadamente y que acabas de leerlo con una nueva vitalidad en el optimismo y sobre todo, te das cuenta de que la humanidad en las personas y el amor son los ejes que mueven toda la vida de los humanos en este planeta.
Kübler-Ross, a mi entender, fue una mujer que se hizo a sí misma, con una predeterminación muy concisa de cual era su escala de valores en todo momento y de lo que tenía que hacer en cada ocasión, porque sí, porque así lo sentía su alma y porque se sentía con el poder de la razón. No obstante, lees el libro y te das cuenta de que fue una persona muy humilde y sencilla; precisamente, por eso, supongo, tomó la iniciativa en la dura tarea de romper una lanza a favor del trato humanitario a los enfermos terminales. Se hizo psiquiatra y supo lidiar con todas las adversidades que le planteó la vida con entereza. Es significativo el señalar que, siendo C. G. Jung, el psiquiatra que más influyó en sus teorías, en el libro te habla de que hubo algunas ocasiones en las que se cruzó con él por la calle; y sin embargo, nunca le dirigió la palabra porque pensaba que si lo hacía se convertiría en psiquiatra, y de aquella no quería eso.

Lo que Elisabeth siempre tuvo como objetivo prioritario fue el mostrar una cosa que, poniéndome en el lugar de ella, entiendo que le debió dar pavor y horror el comprobar la enorme carencia que había de ello. Me refiero a la humanidad, a algo tan valioso y estimulante para todo el mundo como el saber que tienes una persona que te escucha y te comprende, que te entiende y que te permite sacar todo lo que llevas dentro y que a los demás les produce rabia o enfado escuchar. Nos daremos cuenta de la magnitud de lo que estoy hablando si tenemos en cuenta el dato de que todo esto, Kübler-Ross lo hacía con gente que tenía presente en todo momento, atenazándole la mente, que se iban a ir de este mundo y que nadie los trataba como se merecían, como personas que eran.

Es increíble el darte cuenta de que leyendo sobre la muerte, según mi opinión, -influirá, por supuesto, lo bien redactado que está este libro- despiertas en ti un optimismo puro y genuino, más diría yo que si lees uno de esos libros de autoayuda con títulos fáciles como “Cómo vivir feliz”(es un ejemplo inventado).
Cuando lees este libro te impregnas, aunque sea levemente, del inconmesurable esfuerzo que hizo una mujer que tenía claro que en este mundo se está para luchar por una vida digna- una variante o alusión al mismo concepto lo defiende el Comercio Justo y en materia de religión la Teología de la liberación-, por el respeto para todos los seres humanos y por defender la energía del Amor en todas sus facetas.
Desde luego, es un libro que recomiendo que se lea; pues aparte de lo que he dicho, resulta una lectura amena, que no cansa en ningún momento.
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