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EL FINAL DE LA VIOLENCIA, DE WIM WENDERS | 02/10/2003


MUCHOS CABOS SIN ATAR



El veterano director Wim Wenders nos ha defraudado con este film que comienza mostrando un accidente, durante el rodaje de una película, que sufre una especialista y después se intercalan las letras de los créditos, mientras el espectador está ansioso por descubrir una historia de intriga y acción. Y así de sencillo: no lo logra. Mejor dicho, la intriga es tal que acaba la película y sigues intrigado sin saber qué demonios está ocurriendo.

Gabriel Byrne, el D'Artagnan en "El hombre de la máscara de hierro"y el amigo de la heroína de "Smila, misterio en la nieve", está aquí totalmente desaprovechado, su talento no puede salir a flote en un papel que induce a una saturación de miraditas y poses de misterio para llenar el vacío de un personaje totalmente plano: un científico astrónomo, que trabajó en la NASA y que trabaja en un observatorio donde hay un telescopio, en Hollywood; allí tiene muchos monitores donde puede ver distintas zonas de la ciudad y alrededores. Su personalidad queda desdibujada al no haber en toda la película ni un sólo momento en que se explique qué hace, a qué se dedica.

Bill Pullman encarna a un productor cinematográfico que es secuestrado, y sin embargo, finalmente los que lo iban a matar aparecen muertos y, él es dado por desaparecido. Ahí comienza lo que, haciendo un gran esfuerzo de generosidad, se podría llamar hilo argumental, pues tiene muchos cabos sin atar.

Andie McDowell, también desaprovechada, nos muestra aquí a una esposa, la de Mike (Pullman), que está harta de sentirse poco valorada y apreciada y, que saca energía para hacerse respetar en una escena que resulta hilarante, si se piensa en el diálogo con su marido, a pesar de intentar servir de colofón dramático a la relación de este matrimonio.

Y bueno, el contrapunto a la situación de Mike como desaparecido, aparece de la mano de Dog, el detective que investiga el extraño crimen del que, supuestamente, es acusado Mike. Entre Dog y la especialista del principio hay una relación que no logra integrarse en el argumento, resultando algo paralelo.

Y por último, resulta inexplicable la relación del científico astrónomo con su jefe y, un relleno desdibujado la actuación de Matildha, la criada para limpiar el observatorio.

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