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REPORTAJES
     
 
EL ÚLTIMO CAZADOR, INSTINTO Y LA SELVA ESMERALDA | 17/06/2008


Tres reclamos de la preeminencia de lo Natural


Norman Winther es un hombre de ojos bondadosos y hablar sencillo, directo, que lleva más de 50 años instalado en las Montañas Rocosas canadienses. Allí convertido en un Robinson Crusoe contemporáneo, sobrevive a base de la caza, que practica convencido de que su labor ayuda a que exista un equilibrio entre las distintas especies. El suyo es un discurrir tranquilo, en compañía de su esposa, una india Nehanni llamada May. Ambos son felices, rodeados de bosques y animales, en un entorno natural espectacular que la cámara capta sin perder un ápice de su belleza. Al igual que la vida de Norman apenas necesita de mayores condimentos El último cazador tampoco precisa de mucho más para atrapar al público. Un film donde las palabras son pocas y las emociones, muchas.
A pesar de que “El último cazador” es un documental basado en hechos reales, querría decir que, en la película “Instinto”, de John Turteltaub se reclama también el amor por la Naturaleza y se constata con crudeza la cruel oposición entre la modernidad del hombre actual y su entorno. Ethan Powell es un veterano antropólogo y primatólogo que después de convivir durante años con los gorilas es acusado de una serie de crímenes ocurridos en la jungla de Ruanda. El joven psiquiatra Theo Caulder intentará descubrir los secretos que se esconden en la mente del antropólogo.
Así mismo, en el film “La selva esmeralda”, de John Boorman, que se basa también en hechos reales, se muestra como el azar y el destino de las personas pueden imbricar los dos mundos que, aparentemente, en la actualidad, parecen condenados a una lucha mortal.
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