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MANDINGA.ULTRAJE A UNA RAZA | 01/07/2008


retrato de las vilezas del ser humano



En 1880, en Louisiana un hacendado llamado Richard Hunter poseía una plantación enorme con un montón de esclavos trabajando para él. Eso sí, como él era blanco, era el amo de un montón de seres humanos que eran tratados como animales. Eso es lo que hubo durante mucho tiempo en este planeta, esclavitud. El hijo de Hunter estaba estudiando en Inglaterra. Rhonda, la cuñada de Hunter llega a la plantación, dispuesta a ocupar el lugar de su hermana fallecida. Con este planteamiento da comienzo esta película que muestra con dosis altas de erotismo y disfrazando de light, en todo momento, el contenido de una historia terrorífica que es el maltrato a seres humanos debido exclusivamente al color de la piel. El morbo, la gran baza de este filme, está palpable en todas las escenas y los planos, salvo alguno que demuestra maestría al hacer consciente de una doble intencionalidad al espectador, son en general normales y corrientes y no tienen nada de especial. La interpretación no tiene nada destacable pues, la mayoría son planos generales y, cuando la cámara se aproxima no lo resuelven con originalidad ni con sentimiento ni los actores ni el director. En fin, que el rodaje de una película X, o mejor dicho, cualquier película porno barata, tiene muchas similitudes con la tarea de dirección de este director, Mario Pinzauti, que se comportó detrás de la cámara como si rodase con actores porno, salvo que no se ve sexo explícito, a pesar de que la película es para mayores de dieciocho años. La escena en que Rhonda hace el amor con el esclavo mandinga, encadenado de brazos es lo más destacable en cuanto a erotismo. Y cuando, previamente, un capataz está azotando al negro, los primeros planos con la expresión de Rhonda, cargada de lascividad son muy buenos de casualidad, pues la combinación con la música que suena en esos momentos produce, a la vez, una mezcla de erotismo lujurioso y de miedo de las mejores películas de Hitchcoch.
Por cierto, la banda sonora se merece un diez, pues en cada momento del film en que se oye música de fondo, aporta más de un sesenta por ciento del mensaje que reciben los espectadores.
En los siglos que duró la esclavitud de los negros por el hombre “civilizado” blanco seguro que los esclavos sufrieron humillaciones como las de esta película y muchas atrocidades aún peores; sin embargo, como el morbo es el mensaje de autor que se desprende de esta película, las escenas en que se ven latigazos no es que transmitan, precisamente, el sentimiento de desaprobación por crueldad; más bien, al ver la película se asume una pasividad silenciosa que acepta ese orden de cosas. Y es más, el film, que se reparte a partes iguales en ratos de sexo y ratos de maltrato, como quien quiere relatarlo de carretilla, tiene la mayoría de escenas metidas con calzador en bloques que tienen una continuidad monótona, pero que sustenta los personajes arquetípicos de los protagonistas. Es decir, no se curró mucho el guionista los matices de los personajes, mejor dicho, no tienen matices. El diálogo sí, no obstante, sugiere muchas veces que se está delante de una obra de arte; pero, todo queda en sugerencia.

Los esclavos que llegaron a América fueron cientos de miles, desde África, los llamados "bozales", cuyas condiciones especiales facilitaron el comercio esclavista. En primer lugar, se aclimataban fácilmente a las regiones de clima templado; además, tenían fama de ser dóciles y serviles y trabajadores fuertes; por último, la presión de la Iglesia y la Corona en contra de la explotación de los indios, a quienes se consideraba súbditos que debían ser cristianizados, hizo que se fijaran los ojos en las poblaciones africanas que ya desde siglos antes venían siendo cantera de mano de obra esclava. La existencia de comerciantes y cazadores de esclavos, muchos de ellos también negros, y la tradicional consideración del africano como un ser inferior impidió el surgimiento de escrúpulos incluso entre los más conspicuos defensores de los derechos de los nativos americanos, como Las Casas.
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