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UN CHIHUAHUA EN BEVERLY HILLS | 28/02/2009


Relato inspirado en este film de Raja Gosnell


Estaba encantadísima de su vida siempre. Desde que había nacido vivía colmada de lujo y riquezas por todo lo alto. Y es que, Jessica, la preciosa chihuahua (aunque tenía un lunar encima de la ceja que la afeaba un poco) que tenía Roberta, era una de las inquilinas de una mansión que estaba al lado de la del actor Jack Nicholson. También vivían en ese barrio Brad Pitt y la Jolie y su retahila de hijos adoptados. Roberta era una rica que ostentaba la soberbia de poder decir que vivía para derrochar la herencia de un abuelo suyo, que había sido magnate de los negocios en Wall Street, y que sus padres, le dejaban administrar-si a eso se puede llamar administrar- a su antojo. Se levantaba todos los días desayunando caviar y bañándose en una bañera de zumo de aloe vera... porque decía que no estaba dispuesta a tolerar que la vejez hiciese mella en esa piel tan sensible y tierna como la suya.
Y de tal palo tal astilla. La comida de la chihuahua incluía carne de búfalo, paté, huevos de caviar como su dueña, etc... Ultimamente, Jessica estaba preocupada porque el novio que tenía no le hacía caso. Se trataba de un perro salchicha de la amiga inseparable de Roberta. Era una sudamericana cuyo padre había dejado el negocio de las drogas y el caudal enorme de dinero que le había rentado ese oscuro negocio lo había blanqueado convenientemente en el tiempo en que estuvo encarcelado. Pero, claro, todo pasa factura. El hermano de Jennifer, la sudamericana, era la oveja negra de la familia y había entrado en contacto con unos mafiosos de Mexico que se dedicaban al negocio de organizar peleas de perros. Esta joya de muchacho no se llevaba bien con Jennifer, más bien, la odiaba por considerarla una pija. Y como Jennifer sentía un enorme cariño por Jessica, ... se había desmayado un día que Jessi pisó un cristal de colonia Channel y se había cortado en una patita, pues, nada mejor para vengarse de impedir la boda de Tom, el hermano, con una yonqui que había sido modelo de pasarela en sus mejores tiempos, que secuestrar a Jessi . Dicho y hecho. Tom habló con su vecino Tom Cruise para que fuera a darle coba a su hermana y a Roberta. Mientras, aprovechó para agarrar del rabo a Jessi y meterla en una caja de bananas vacía. Me estoy volviendo loca o el suelo tiembla, ¡Dios mío! Un terremoto. Pensó Jessi cuando su siesta de las cinco fue interrumpida brúscamente y se vio metida en una caja sin saber cómo. He de llamar por el móvil pensó aterrada. Pero su novio estaba oliendo los meos de un pastor alemán al pie de un abeto. El coche que la llevaba a un destino que iba a ser la peor pesadilla de su vida, pinchó una rueda y por poco Tom se mata. Pero, no cayó esa breva. Jessi, asustada, no obtuvo otra forma de calmar los nervios, que ponerse a pintarse las uñas. Así que, cuando le faltaban por pintar tres uñas de la patita izquierda delantera, delante suyo apareció un Angel del infierno, un motorista fortachón y gay con una jarra de cerveza en las manos.
- Y ¿ésta va a poder enfrentarse a Drácula?
-Sí, sí, además seguro que al público le gusta. Si la destroza en el primer asalto, paramos la pelea y la asamos a la parrilla.
Dios mío!!! Voy a llamar a la policía. Es una pena que mi jefe de protección personal esté de vacaciones. He de contratar un nuevo guardaespaldas, que el que tenía lleva demasiado tiempo de baja por una gripe, y me hace falta ahora, uno que le enseñe buenos modales a este grosero.
Pero las penalidades de Jessi no habían hecho más que empezar. Al día siguiente, muerta de hambre y con un catarro que amenazaba con pulmonía, por habérsele rasgado la blusa de encaje del abdomen, se vio, en medio de un ruido ensordecedor, forzada a andar por la arena... y sin zapatos, rumbo a una plazoleta en la que le esperaba un doberman de lo más cruel.
Estoy soñando. Consultaré a mi psicoanalista pronto... ¡qué digo pronto! Urgentemente.
Pero el mordisco que le arrancó las bragas de cuajo le hizo entender que estaba enfrentándose a una pelea a muerte. Un pastor alemán que había en la jaula de los que iban a salir a la arena después, olió la colonia de Channel de Jessi y, como le encandiló ese aroma, de un mordisco arrancó el cierre de la jaula y le faltó tiempo para, de un salto, empujar a Drácula de una fuerte patada, evitar que le diese una mortal dentellada a Jessi, y salir por patas, nunca mejor dicho, con Jessi agarrada por los colmillos.
¡Qué maleducados! Eh!! Señor que me rompe la blusa.
Calla tonta, que te estoy salvando la vida.
Y así después de coquetear esa noche con un auténtico macho de su especie: el fiel y leal pastor alemán apodado el tigroso, Jessi, cayó rendida en un sueño agotador, en medio de un parque de las afueras de Beverly Hills. A la mañana siguiente, se puso de los nervios al comprobar que su blusa tan querida estaba hecha jirones y encima mojada. Le pegó la bronca a Tigroso y al jardinero que regaba el jardín, también de paso. El jardinero hizo oídos sordos a los ladridos de una insignificante chihuahua. Encendió un cigarrillo al acabar de regar y marchó en su furgoneta que, con el tubo de escape, hizo toser enormemente a Jessi.
Por entonces, ya Roberta había denunciado la desaparición de Jessi a la policía de Beverly Hills. El comisario harto de las impertinencias de la joven, había mandado, a desgana, salir tres coches patrulla con la foto de Jessi en su búsqueda.
Sin embargo, no la encontraron. Lo que sí encontró Tigroso, cuando andaba pensando qué iba a hacer con Jessi, que lo seguía con la lengua fuera de cansancio, fue a un antiguo dueño, que era ahora un excelente empleado de una empresa de informática. El ex-dueño de Tigroso se alegró mucho del encuentro y, en cuanto estuvo al corriente de la tragedia, mandó un e-mail a Roberta, hablándole de su Jessi querida del alma. Roberta, que no escatimaba recursos con tal de conseguir encontrar sana y salva a su mascota, estaba en esos momentos, haciendo el amor con el coronel de la policía federal de su zona para a ver si éste ponía todas sus energías en encontrar a Jessi. Al recibir el e-mail, salió corriendo de la habitación desnuda, y sin mediar palabra con el coronel.
-No te vayas. ¡Y me dejas así, a medias....
El encuentro con su apreciada mascota tuvo lugar después de que Roberta agarrase el primer vuelo que salía rumbo a Mexico.
Un fraternal abrazo unió a dueña y mascota ante los ojos vidriosos de Leo, el antiguo dueño de Tigroso. Y desde entonces, Leo fue pareja e inseparable de Roberta, se gustaron mucho y se casaron y , Jessi tuvo, sin lugar a dudas, el mejor guardaespaldas posible; Tigroso. Y entre trabajos de protección y juergas en común algo de amor también hubo.


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